De las personalidades internacionales que tuve la honra de encontrar, Fidel Castro fue con quien más veces estuve, desde que, en 1981, como presidente de la Unión Nacional de los Estudiantes, fui recibido por él en La Habana. Lo escuché hablar con naturalidad de los grandes asuntos internacionales y de la culinaria bahiana. En todos los encuentros, reforcé la admiración por el estadista que retiró su pequeño país de la condición semifeudal, le confirió dignidad y soberanía y ahora deja el gobierno con indicadores sociales próximos a los de los gigantes industrializados.