Biblioteca
"Estaba dispuesto a morir si fuera necesario, pero nunca dejaría de hablar ante semejante convocatoria", nos confesaba después, refiriéndose a las horas previas en que todo parecía que iba a frustrarse. Dando cuenta, sin decirlo, que sólo él y nada más que él era el responsable de la decisión de reunirse con la muchedumbre. No podía fallarles a quienes tantos frustran diariamente.
Buenos Aires se desquitó anoche de 44 años de ausencia del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, y fue inundada por 40 mil porteños que acudieron a escucharlo en vivo, directo y a todo color.
El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Comandante en Jefe Fidel Castro, sostuvo hoy una entrevista con el Presidente Néstor Kirchner en la sede del Gobierno argentino de la Casa Rosada.
Fue fugaz la estancia de Fidel en esta ciudad. Fugaz pero intensa. No venía a la Argentina desde hacía más de 40 años. Estuvo en 1995 para la Cumbre Iberoamericana en Bariloche, y entonces, por razones que son fáciles de suponer, le escamotearon el encuentro con el pueblo argentino.
La conmoción se sintió en el pecho y en la conciencia. Los días que rodean el 25 de mayo van a ser inolvidables para los argentinos por mucho tiempo, sobre todo si el nuevo Gobierno cumple bien los planes que se ha trazado.
El Che surgía por entre la eufórica multitud que, desafiando el frío, desprendía calor de pueblo y de juventud. La presencia de Fidel en la Universidad de Buenos Aires, que era decir la del Che, había creado el más descomunal caos de estos días. El Aula Magna de la Facultad de Derecho, habilitada para unos 1 000 invitados, tenía tres veces esa cantidad. Las áreas exteriores estaban abarrotadas. No quedó más remedio que convertir la esperada conferencia del Comandante en un gran acto de masas en la escalinata de acceso a la Facultad.
El líder cubano, Fidel Castro, ha generado durante su visita a Buenos Aires un revuelo pocas veces visto. Las medidas de seguridad que lo rodearon fueron extremas, y la cantidad de "fans" que lo aguardó a la salida de cada reunión oficial con miembros del gobierno resultó sorprendente.
El teléfono de Miguel Bonasso sonó en la noche del 24 de mayo, poco después de la llegada de Fidel Castro a Buenos Aires. Desde ese momento, en que el líder cubano lo invitó a cenar, hasta la madrugada en que tomó el avión de regreso a La Habana, el periodista estuvo buena parte del tiempo a su lado.
El presidente Hugo Chávez llegó al encuentro con más de treinta intelectuales argentinos que querían conocer qué pasaba en Venezuela, encuentro en el cual fue sorprendido con la llegada del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Pocos días después del ataque al cuartel Moncada, el Coronel Alberto Río Chaviano, apodado "El Chacal", le dice a Fidel Castro: "¡Tú eres un loco! ¿Cómo tú crees que con un ejército como el que tenemos, tus cuatro gatos van a poder hacer algo? ¡No seas bobo muchacho! Fíjate cómo ha acabado la cosa. Casi todos han muerto y los otros, como tú, están capturados; no hay oportunidad para que puedan derrotar a un ejército como el nuestro…"
A las ocho de la noche del día 13, la televisión trasmitía sus palabras a los graduados de Ciencias Médicas, desde un teatro de La Habana. El día 14, a las 5 y 30 de la madrugada, la radio anunciaba su presencia en el traspaso de poderes en Paraguay, desde Asunción. A pesar del largo viaje sin descanso, en ambos momentos se vio a un Fidel Castro vital y feliz.
Apenas se produjo el desembarco del Granma el gobierno de Batista puso gran empeño en hacer creer a la opinión pública, que ni Fidel ni Raúl habían venido al frente de los expedicionarios, y cuando ya no pudo ocultar por más tiempo la presencia del jefe rebelde en el teatro de operaciones, echó a rodar la bola de su muerte en combate, y aseguraba que su cadáver sería trasladado a La Habana para exhibirlo públicamente. Se trataba de una artimaña fraguada para desalentar a sus seguidores y simpatizantes.