La cultura, en su más amplio concepto, fue una permanente obsesión para Fidel, un convencido del papel crucial que esta tenía en la transformación de una sociedad que se estrenaba en Revolución. Sin ella, dijo, «no hay libertad posible».   Consciente del sustento espiritual que la cultura proporciona, y de las fortalezas que entraña para un pueblo tocarla con la mano, Fidel la tendría entre las primerísimas prioridades del Gobierno Revolucionario, que debía sembrar los ideales que los nuevos tiempos estaban exigiendo.  
(Adelantamos la introducción del texto FIDEL,CHÁVEZ Y EL DESTINO DE NUESTRA AMÉRICA, de Germán Sánchez Otero, que próximamente saldrá en Venezuela en una edición conjunta del Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías y el Centro Fidel Castro Ruz, con prólogo de Adán Chávez Frías)   Tengo dos buenos gallos aquí en el patio de la choza de palma y ya comenzaron a cantar. Uno es un enorme gallo Giro que se llama Fidel. Y el
El 12 de agosto de 2016, en homenaje al 90 cumpleaños del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, Cubadebate presentó el sitio web Fidel Soldado de las Ideas, desarrollado de conjunto con la Universidad de las Ciencias Informáticas, y con la colaboración decisiva de varias instituciones del país.  
A los 7 años de edad, en el año 1959 acompañé a mi mamá a la Parroquia de El Cobre, en Santiago de Cuba, para cumplir una promesa que había prometido a la Virgen de La caridad, si nuestra familia salía ilesa de las actividades de apoyo a la lucha insurreccional contra Batista.  
A través de una mirada íntima y reflexiva, la muestra Toda la gloria del mundo revela múltiples dimensiones del Comandante en Jefe  
Leonardo Molina Domínguez, director del Centro Mixto 6 de Agosto, en Birán, aseguró que la última visita de Fidel a esa escuela lo marcó como persona por la promesa hecha al líder de conservar el colegio, compromiso que ha mantenido hasta hoy.      En ese plantel educacional se forma correctamente a cada generación de niños, motivada por la enseñanza de cualidades y valores perdurables en el tiempo, precisó Molina Domínguez durante una entrevista con la ACN.  
Dos rebeldes irreverentes, como no hubo otros en su tiempo, dieron forma y vida al sueño de dos grandes de otros siglos: Bolívar y Martí   «Desde aquel día de aquel abrazo, la humilde vida mía quedó sellada para siempre al lado del gigante que es Fidel», se lee en lo alto de un cuadro imponente, como los dos hombres que en su imagen se abrazan.  
(Adelantamos la introducción del texto FIDEL,CHÁVEZ Y EL DESTINO DE NUESTRA AMÉRICA, de Germán Sánchez Otero, que próximamente saldrá en Venezuela en una edición conjunta del Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías y el Centro Fidel Castro Ruz, con prólogo de Adán Chávez Frías)       Tengo dos buenos gallos aquí en el patio de la choza de palma y ya comenzaron a cantar. Uno es un enorme gallo Giro que se llama Fidel. Y el otro es un agresivo Zambo que se llama Chávez.  
En los primeros años de la Revolución se entonaba un estribillo: ¡Fidel, Fidel, qué tiene Fidel, que los americanos no pueden con él! Y definitivamente no pudieron. Esa idea se mantiene arraigada en varias generaciones de cubanos: el Comandante en Jefe sigue naciendo, victorioso, cada 13 de agosto.  
En 1985, un periodista extranjero le preguntó a Fidel: «¿Cuál quisiera usted que fuera su legado?, ¿cómo le gustaría que se interpretara lo que usted ha hecho en estos años?».  
También a través de los libros Fidel se hizo revolucionario; ellos fueron impulso y respaldo en cada una de las batallas de su vida. En su despacho, una pieza que solía impresionar a sus visitantes por la austeridad y el orden, había una gran biblioteca y una mesa de trabajo llena de libros y documentos. Allí estaban también un busto de José Martí, una escultura del Quijote sobre Rocinante, y una foto dedicada de Ernest Hemingway.  
Es conjurar la felicidad y la plenitud de los hombres y las mujeres en el momento irrepetible de la vida diaria, de la construcción de esa vida   «Ni a la justa admiración ha de tenerse miedo, porque esté de moda continua en cierta especie de hombres el desamor por lo extraordinario», alertaba José Martí. «La normalidad no gusta de los grandes», advertía Fernando Martínez Heredia.