La Operación, conocida como Patty, Patty-Candela o Plan de Acción Inmediata, involucraba a la CIA y el Servicio de Inteligencia de la Base Naval de Guantánamo, los que actuarían mediante cabecillas y miembros de organizaciones contrarrevolucionarias dentro del país. El nuevo complot, que comenzó a organizarse desde el mes de mayo de 1961, perseguía el doble asesinato del presidente cubano Fidel Castro Ruz y su hermano Raúl Castro Ruz, simultáneamente con una autoagresión en la Base Naval yanqui, lo cual podría justificar la intervención militar de los Estados Unidos contra Cuba.
El terrorista Luis Posada Carriles fue detenido en Panamá junto a los cubano-americanos Guillermo Novo, Pedro Remón y Gaspar Jiménez Escobedo luego de que el presidente cubano Fidel Castro denunciara en la inauguración de la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobiernos que estos hombres planeaban un atentado con explosivos durante su visita a ese país.
Le hemos buscado una casa donde podrá permanecer oculto unos días —me dijo la muchacha que me vino a buscar aquella mañana. Llevaba yo cuarenta y ocho horas escondido en el domicilio de un modesto funcionario santiaguero, después de haber estado en tres o cuatro casas más en calidad de fugitivo. Invariablemente, cada dos días, me mudaban de lugar para evitar que la policía se enterara de mi presencia en la capital oriental.
En la Plaza aérea del Silencio, el propio día 23 por la noche, Fidel confesó que había sentido una emoción mayor al entrar en Caracas que al entrar en la Habana, porque de estas última esperaba las pruebas de cariño y el abrazo por la lucha, por la libertad tras largos años de sacrificio del propio pueblo cubano conducido por el Ejercito Rebelde; pero sin embargo, de Venezuela, los cubanos solo habían recibido favores y éste  de acudir en torrente afectuoso y solidario a recibirlos era un gesto noble, el más puro de los homenajes de un pueblo heroico al pueblo de Cuba.
Por puro azar, el martes 8 de enero tuve al oído, por algunos minutos, la voz de Fidel. Él había enviado al director de la Mesa Redonda un mensaje manuscrito que me correspondería leer. “Querido Randy…” comenzaba la carta, escrita sobre cinco hojas de una agenda de trabajo, con su reconocida caligrafía, firme y legible prueba de la completa rehabilitación de su diestra.
Aquí está nuestro nuevo libro, «Cuba, Fidel et le Che ou l’aventure du socialismo», que por fin salió de la imprenta, calentito como un panecillo.
El gobernador de Pernambuco y presidente nacional del Partido Socialista Brasileño (PSB), Eduardo Campos, comentó la renuncia del líder cubano Fidel Castro, anunciada este martes (19).
De las personalidades internacionales que tuve la honra de encontrar, Fidel Castro fue con quien más veces estuve, desde que, en 1981, como presidente de la Unión Nacional de los Estudiantes, fui recibido por él en La Habana. Lo escuché hablar con naturalidad de los grandes asuntos internacionales y de la culinaria bahiana. En todos los encuentros, reforcé la admiración por el estadista que retiró su pequeño país de la condición semifeudal, le confirió dignidad y soberanía y ahora deja el gobierno con indicadores sociales próximos a los de los gigantes industrializados.
Es la segunda vez que Fidel renuncia al poder. La primera fue en julio de 1959, siete meses después de la victoria de la Revolución.
Sin la revolución, sus enseñanzas, capacitación y disciplina y sin el hecho de que fue continuadora de las luchas anticoloniales del siglo XIX, basados los principios en aquel famoso Manifiesto de Montecristi del apóstol cubano, Jose Marti(1895) jamás se hubiera podido resistir el bloqueo y el aislamiento.
Esta semana, Fidel decidió alejarse de casi medio siglo de liderazgo. La última vez que yo lo vi fue en abril de 2001. “Lo peor ha quedado atrás”, le dijo a la persona a mi lado en un pasillo. "Lo que queda es desarrollar el socialismo”. Golpeándome en el pecho con un dedo, me preguntó sobre los zapatistas en Chiapas, México, y la pobreza en la región, que era mucho peor que la que sufrían los cubanos.
Fidel le puso su sello a un movimiento de piezas obligado, pero no por ello carente de inteligencia política, en una partida que, con casi cincuenta años de existencia, ha colocado a la Revolución Cubana –como a nadie, desde el pueblo y el Estado- a la cabeza de la lucha por el socialismo y contra el imperialismo.