Leer fue una de las grandes pasiones de Fidel Castro. Hábito adquirido desde la etapa escolar, la letra impresa formó parte inseparable de sus hábitos cotidianos, aun ante las más difíciles circunstancias o en medio de arduas y colosales tareas. Se sabe que una de sus rutinas como estadista consistía en devorar a diario, muchas veces a primera hora y luego de largas sesiones de trabajo nocturno, decenas de informaciones contenidas en despachos cablegráficos y publicaciones periódicas.
Aunque sin lugar a dudas resultó emotiva la entrega editorial que cerró en Santiago de Cuba, y en todo el país, la Feria Internacional del Libro 2017, no era esa la imagen que hubieran querido la inmensa mayoría de nuestros compatriotas y los muchísimos amigos que en el mundo nos acompañan y alientan en la batalla por hacer posible la utopía revolucionaria.
Irrumpe la Caravana de la Libertad en el parque La Libertad en Matanzas.
Fidel siempre halló en la historia patria brújula, sustento e inspiración para llevar adelante la gigantesca batalla por transformar la realidad de Cuba. Martí lo llevó al Moncada; Gómez y Maceo a extender la insurrección emancipadora a toda la nación, y antes, al saber traicionado el repique libertador de Céspedes, retomó el símbolo de la campana del ingenio Demajagua para denunciar la podredumbre de los políticos en la república neocolonial.
Cuando Fidel compareció ante un grupo de creadores de diversas disciplinas el 30 de junio de 1961, con un discurso conocido como Palabras a los intelectuales, fue mucho más allá del despeje de incógnitas, dudas y resquemores que flotaban en el ambiente acerca de cuál y cómo sería la relación entre la vanguardia política que conquistó el poder en enero de 1959 y la vanguardia artística y literaria.
A los 19 años de edad, con el título de Bachiller en sus manos, en el anuario de los egresados del Colegio de Belén apareció una mención singular, diríase una premonición: «Ha sabido ganarse la admiración y el cariño de todos. Cursará la carrera de Derecho y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltará el artista».
Desde los cuatro puntos cardinales fluyen las voces y tocan la puerta del despacho oval de la Casa Blanca para que su actual ocupante escuche un justo reclamo: poner fin al prolongado y cruel bloqueo contra Cuba.
Foto: Deje vivir a Cuba (Let Cuba Live!) reza la frase que encabeza la petición formulada mediante una carta desplegada a página completa este viernes en el influyente diario estadounidense The New York Times.
Salón de actos de la Biblioteca Nacional José Martí, 16 de junio de 1961. Un nutrido grupo de escritores y artistas responde a la convocatoria de la dirección del Gobierno revolucionario a fin de exponer criterios, ventilar preocupaciones, aclarar dudas, despejar problemas y abordar cuestiones relacionadas con la creación artística literaria y su promoción.