A Elina no la dejaron ir lejos de casa. La menor de la familia Hernández Galarraga quería tener las montañas por trinchera, ir “a la lucha armada con lápices y cartillas”. Un año antes, los barbudos habían bajado y la joven de 12 años soñaba con hacer sus propias proezas, “allí donde las nubes casi se tocan con las manos”, me dice.
 

Bienvenidos a un nuevo podcast de Cubadebate a través de Spreaker, el cual también trasmitimos en vivo por nuestra página de Facebook. Gracias por acompañarnos. Hoy queremos dialogar sobre Fidel, su imaginario y pensamiento vivo, sus métodos e intuición, para ello hemos invitado a dos mujeres imprescindibles de la intelectualidad cubana.
 

Los grados de Comandante en el uniforme verde olivo, “el rombo con sus ramitas”, impresionaron al Raúl que creció en un solar matancero. Al trovador que escribió una nueva canción para Fidel, su símbolo de victoria y paz.
 
“Cuando niño viví en una ciudadela, y cada vez que pasaba un avión por el patio todos los pequeños salíamos a gritar: ¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel! Ese fue mi primer contacto con él. Luego empecé a fijarme en el rombo, sus colores rojo y negro, con la estrella en el centro, los laureles y los olivos”, cuenta Raúl Torres en exclusiva a Cubadebate.
 

¿Y qué es aquella sala sino espejo de su vida? En San Carlos de la Cabaña, en esta semana de Feria, hay un sitio que exhibe trozos de historia sobre páginas, certeras acotaciones del joven que llegaría a ser uno de los estadistas más influyentes del Siglo XX.

Cientos de miles de fidelistas en la Plaza. Rostros de dolor y sobrecogimiento desbordaron el mismo sitio donde tantas veces lo buscamos a él. Un Martí tenuemente iluminado asistía  a la despedida de su discípulo más devoto, al Fidel que prometío y cumplió.