Lo que primero llamaba la atención al toparse con Fidel era su porte imponente. Parecía más grande de lo que era, y el uniforme lo revestía de un simbolismo que transmitía autoridad y decisión. Cuando entraba en un recinto era como si su aura ocupara todo el espacio.

Es la segunda vez que Fidel renuncia al poder. La primera fue en julio de 1959, siete meses después de la victoria de la Revolución.