Al escribir democracia no me refiero al concepto y la práctica dominante en el mundo “occidental”. Allí los candidatos, todos millonarios o ricos, son seleccionados por los partidos políticos periódicamente para disputarse los puestos de elección popular. Las campañas cuestan fortunas y ofertan a los candidatos mercadológicamente. Cuando surge una opción alternativa, se le intente frenar mediante encarnizadas guerras campañas mediáticas combinadas con el fraude electoral.
El conocimiento de cuánto hizo Estados Unidos por impedir el triunfo de la revolución cubana es muy importante para la formación política de las nuevas generaciones de cubanos y latino-caribeños. Porque su tenaz apoyo a la dictadura de Fulgencio Batista y sus febriles maniobras para lograr la frustración de la guerra de liberación encabezada por Fidel Castro, corroboran de modo inequívoco el carácter profundamente antipopular y antidemocrático del sistema imperialista estadunidense y de su política exterior intervencionista.
Es la conclusión a que llega quien conozca Cuba y la materia prima de que están hechos su pueblo, sus hermanos latino-caribeños y los de todo el mundo. Fidel se ausenta físicamente para multiplicarse en las dolidas y fervorosas multitudes de niños y jóvenes, de hombres y mujeres cubanos de todas las edades, que la noche del martes proclaman ¡Yo soy Fidel! en la Plaza de la Revolución y en todos los rincones de Cuba. Pero igual podían haber sido venezolanos, bolivianos, ecuatorianos, argentinos, brasileños, nicaragüenses, salvadoreños, mexicanos, caribeños.
Fidel recibió cálidamente en Cuba a Hugo Chávez, 9 meses después de salir del presidio político y 4 años antes de que llegara a la presidencia de Venezuela, ocasión en que impresionó muy favorablemente al líder cubano, que así lo ha expresado. El ascenso de Chávez a la jefatura del Ejecutivo(1999) ha quedado como un símbolo del retroceso que experimentarían en lo sucesivo las políticas neoliberales en varios países de nuestra América y del ímpetu que tomaría su marcha hacia la unidad e integración en la época que se abría.
Hace 60 años Cuba necesitaba una estremecedora revolución social. Sólo a través de ella sería posible liberar al país del dominio económico, político y cultural establecido por el imperialismo de Estados Unidos con la intervención militar de 1898 y de la costra mental heredada del colonialismo español y el régimen esclavista. Imperaba el latrocinio del presupuesto y La Habana se había convertido en un gran prostíbulo y casino de juego para el turismo estadunidense. Prevalecía un primitivo anticomunismo como valladar a cualquier reforma progresista.