Me recibe con una sonrisa, la calidez de su abrazo, una mano sobre el hombro y un «Tome asiento, hermano, que usted viene de mi segunda Patria, gracias por su visita». Sobre la mesa, una tradición: el té vietnamita. Derroche de afectos, y nada de protocolo. Nguyen Dinh Bin es la sencillez, la gratitud, la lealtad en persona.