La CIA creó varios equipos que se encargarían de organizar operaciones clandestinas, acciones de guerra psicológica, y ejercer presiones económicas y diplomáticas, que darían al traste con el Gobierno de la Isla. A esto se sumaba la preparación de un grupo elite de agentes cubanos que, previo entrenamiento especializado, se infiltraría en Cuba, y asestaría desde la retaguardia, un golpe mortal a la Revolución, que incluía el asesinato de sus principales dirigentes.