“Yo hago también el Bachillerato en colegio de jesuitas. Así, analizando retrospectivamente qué cosas influían, a mi juicio, de una manera que no era positiva, puedo decir que todo era muy dogmático: esto era así porque tenía que ser así; hay que creerlo, aunque no se entienda-, si no lo crees, aunque no lo entiendas, es una falta, un pecado, un acto digno de castigo. Es decir, la no utilización del razonamiento, yo diría; el no desarrollo del razonamiento y del sentimiento”.

“Yo pienso lo siguiente: si el socialismo busca la máxima libertad del hombre, ¿Por qué va a excluir de la sociedad el derecho a la convicción religiosa”.

“En la Constitución establecida se garantizó muy concreta y expresa, la libertad de culto, la libertad de conciencia religiosa”.

“Nosotros consideramos que el concepto de libertad de creencias religiosas, es una parte muy crítica e integral de la totalidad de los derechos que describimos como derechos humanos, y le hemos dado un lugar especial dentro del marco de esos derechos”.

“(…) el sentimiento del deber de solidaridad internacional se fue arraigando desde el principio y ha llegado a ser una de las cuestiones esenciales, uno de los elementos esenciales de la educación y de la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo. Por eso nuestro pueblo siente tan hondamente la solidaridad, la admiración y el apoyo hacia los pueblos que luchan por su liberación”.

“Aunque después de la oportunista intervención del naciente imperio norteamericano, Cuba fue cedida por el poder colonial a Estados Unidos, y el naciente imperio nos impusiera una enmienda constitucional que le daba el derecho a intervenir, hoy constituye un pueblo libre que defiende con honor su independencia".

“Creo en la unión de todos los países del mundo, en la unión de todos los pueblos del mundo y en la unión libre, verdaderamente libre; no la fusión, sino la unión libre de todas las culturas, en un mundo verdaderamente justo, en un mundo verdaderamente democrático”.

“Cuando defendemos a nuestro país, tenemos la sensación de que estamos defendiendo también a nuestros pueblos hermanos de América Latina. Si aquella trinchera cayera, sería una tragedia para los pueblos de América Latina”.

“Nuestra liberación no es un don que se deba a la gracia o al permiso del imperio, es resultado de nuestras luchas por conquistarla o mantenerla, es fruto de la sangre y de la vida de muchos de los mejores hijos de nuestros pueblos. Y ese derecho no podrán nunca arrebatárnoslo”.

"Después de este largo trecho que ha andado la república, nos imaginamos aquellos hombres que hace más de medio siglo concibieron para su patria grandes realizaciones, por las cuales ellos se decidieron a entregarlo todo. ¿Qué cruzaba por la mente de aquellos revolucionarios? ¡Cuántas esperanzas!  ¡Cuántos sueños de felicidad para su país!  Cuántas ilusiones, sin pensar quizás en lo lejos que estaban de realizarse todavía, porque la patria plenamente libre, la república absolutamente independiente y soberana, el pueblo dueño de sus propios destinos, fue un sueño de aquel día”.