“La abundancia sola por sí misma, no formaría un ser humano mejor. La abundancia equitativamente repartida entre todos, sin explotación, más educación, es lo que hace a un ser humano superior”.
“Los revolucionarios no esperamos nada, lo que significa que el revolucionario debe entregarse y se entrega de manera total a una causa, a sus ideas, a sus objetivos nobles, sin esperar nada. Yo diría, sin disminuir en lo más mínimo cualquier otra convicción, que eso es realmente lo que hace la verdadera convicción revolucionaria”.
“De no existir la convicción del valor de la conciencia, y su capacidad de prevalecer sobre los instintos, no se podría expresar siquiera la esperanza de cambio en cualquier período de la brevísima historia del hombre”.
“Realmente a los habitantes de este planeta se nos plantean en esta época, en este minuto, dos grandes problemas: cómo salvar la naturaleza y cómo salvar la humanidad. Si no salvamos la naturaleza no podremos salvar la humanidad; y si no se organiza la humanidad de una manera consciente y verdaderamente racional, si sigue marchando de una forma caótica y desordenada, no podrá salvar la naturaleza de la cual vivimos”.
“¡Es deber del pueblo, es deber de la Revolución, es deber de la patria, abrirle paso a la inteligencia, abrirle oportunidad a la inteligencia, abrirle paso a la vocación, abrirle paso a la virtud y al mérito!”
“Los valores que defendemos son muy sagrados, son muy altos, son muy poderosos, son los valores de la patria, son los valores de la Revolución, son los valores del socialismo son los valores de la justicia, son los valores de la igualdad, son los valores de la dignidad y del honor del hombre. Esos valores tienen un peso tremendo”.
“Los hombres pasan, los pueblos quedan; los hombres pasan, las ideas quedan. Los hombres pasan, pero el sentido de la justicia, de la hermandad y de la igualdad entre los seres humanos, el derecho a defender sus valores, a defender sus esperanzas, a defender su alegría, (…) en nuestro pueblo, no pasará jamás”.
“La Revolución no la hizo una sola generación, la Revolución la comenzó la generación de Céspedes, de Agramonte, de Maceo, de Gómez, de Martí, de Mella, de Villena, de Guiteras; la llevó adelante nuestra generación en el Moncada, en la Sierra Maestra, en la lucha contra las agresiones imperialistas; la lleva adelante nuestra actual generación de jóvenes”.
"Es agradable saber que existimos pueblos, y muchos pueblos; y que existimos hombres, y muchos hombres dispuestos a resistir, dispuestos a perseverar, dispuestos a seguir luchando, y dispuestos a recuperar el lugar que les corresponde en el mundo a nuestras ideas".
“Jamás hemos arrebatado las inteligencias a otros pueblos. En cambio en Cuba se han formado gratuitamente decenas de miles de médicos y otros profesionales de alto nivel para devolverlos a sus propios países”.