“Recordarán ustedes cómo casi todas las noches llegaban aviones conduciendo cargamentos de armas en paracaídas; recordarán ustedes las decenas de veces en que por nuestras costas intentaron hacerles llegar explosivos de los más modernos, y trataron de hacerles llegar todo tipo de armamento… Unido a eso, sinnúmero de planes de atentados constantemente: atentados contra los dirigentes de la Revolución, conjuras, planes... En fin, eran tantos que realmente habría que admirarse —¿cómo se explica?— que los dirigentes de la Revolución estén vivos.
“Recuerdo cuando visité a Chile en la época de Allende que estuvieron organizando atentados a lo largo de la gira que duró como 20 días, e incluso en cierto momento delante de mí había una cámara de esas que tenía las armas dentro. Yo he hablado delante de cámaras que tienen las armas puestas, pero no son fanáticos, no son fundamentalistas, son mercenarios, y los mercenarios quieren vivir para disfrutar el pago que les dan, y así, aquella vez que estuvieron con la cámara delante, no se atrevieron a apretar el disparador de las armas.”
“Y cuando haya justicia, no habrá venganza. Para que el día de mañana no haya atentados contra nadie, tiene que haber justicia hoy; como habrá justicia no habrá venganza ni habrá odio. El odio lo desterraremos de la república, como una sombra maldita que nos dejó la ambición…”
“Creo que ostento el dudosamente estimulante récord de haber sido blanco u objetivo de más planes de atentados que ningún otro político en ningún otro país y en ninguna otra época; y como no han tenido suerte, no han tenido éxito, a cada rato me enferman, me matan.”