Una visionaria frase marcó el punto de partida de lo que sería una colosal obra: «El futuro de nuestro país tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento, porque precisamente (...) lo que más estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia».
Así lo dijo el Comandante en Jefe Fidel Castro en el acto para conmemorar el vigésimo aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba, el 15 de enero de 1960, en el Paraninfo de la entonces Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.
Tu cuerpo marcha a Santiago, hacia ese paraje imperecedero que tienen los grandes, los que burlan las campanadas del tiempo. Caminas sobre los hombros de ese mismo pueblo que ha llorado tanto, que sigue amándote más allá de lo posible y no deja de decir tu nombre. Revives esa ruta que hiciste memorable, como todo lo que tus manos cálidas han tocado.
Sabes, porque lo sabes, que hombres de tu talla no mueren, solo crecen. No bastan entonces las palabras, simplemente no alcanzan, para describir «eso» que a los ojos de la gente te hace, Comandante, eterno.
Evelio Capote Castillo, el Héroe del Trabajo de la República de Cuba, el hombre que le dijo a Fidel que sí se podían construir caminos sobre el mar, traspasó el reino hermético de su humildad y, en voz muy baja, compungida, dio a entender que entre su carácter recio y la fuerza de su corazón dolido, el límite es imperceptible.
Apenas unas horas después de enterado de la partida física de Fidel, entré en la oficina de Capote, uno de los avileños que más intercambió con el líder de la Revolución Cubana.
Fidel no solo se mantuvo al tanto de la obra de los pedraplenes, sino también del desarrollo posterior de los polos turísticos. Foto: Díaz Muñoz, Nohema
Bajo el sol implacable del trópico, una lengua de roca y tierra usurpa el mar con terquedad. No es un fenómeno natural, sino la huella indeleble de una visión audaz del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Cuando Fidel se paró en la punta de aquellos primeros 362 metros, oteó el horizonte, calculó y pensó que la pelea contra el mar iba a ser difícil, fue cuando pronunció la homérica frase: «Aquí hay que echar piedras sin mirar para adelante», tal vez, fruto de la premonición del riesgo o de lo que en un futuro significaría el hecho de «caminar» sobre el agua, como la vía más expedita para llevar el desarrollo turístico a los cayos del norte de Cuba.
Pronuncia discurso en la inauguración del Hotel Guitart-Cayo Coco, en Ciego de Ávila, instalación que abrió al mundo las puertas del destino Jardines del Rey, uno de los más atractivos y dinámicos en el área del Caribe.
Comparte con los obreros que contruyeron el Hotel Guitart-Cayo Coco, al norte de Ciego de Ávila, instalación que abrió al mundo las puertas del destino Jardines del Rey, uno de los más atractivos y dinámicos en el área del Caribe.
Comparte con los obreros que contruyeron el Hotel Guitart-Cayo Coco, al norte de Ciego de Ávila, instalación que abrió al mundo las puertas del destino Jardines del Rey, uno de los más atractivos y dinámicos en el área del Caribe.