“Sin internacionalismo, es decir, sin solidaridad entre los pueblos, no se puede predicar la solidaridad en el seno del pueblo, la solidaridad entre los individuos.  Cuando se quiere medir desde un punto de vista revolucionario a un país, hay que analizar en primer término su espíritu internacionalista”.

“(…) el futuro pertenece por entero a nuestros sueños de igualdad y justicia para todos los seres humanos”.

“Nosotros hemos recogido los frutos del esfuerzo que han realizado todas las generaciones anteriores, desde aquella que a mediados del siglo pasado comenzó la lucha por un destino propio para nuestra tierra, desde los primeros que comenzaron a sembrar conciencia, desde los primeros que comenzaron a crear un espíritu nacional, a crear una tradición nacional”.

“General Antonio Maceo, los cubanos de hoy, educados en tu inmortal ejemplo, habrían compartido contigo el honor de estar junto a ti el día glorioso que le respondiste al representante del poder colonial español: No queremos paz sin independencia”.

“En nuestro país se le dedica mucha atención a la educación, mucha atención a los niños y mucha atención a las escuelas. Cuando triunfó la Revolución muchos niños no tenían maestros, muchos niños no tenían escuelas. Hoy todos los niños tienen escuelas, hoy todos los niños tienen maestros”.

“Los revolucionarios no esperamos nada, lo que significa que el revolucionario debe entregarse y se entrega de manera total a una causa, a sus ideas, a sus objetivos nobles, sin esperar nada. Yo diría, sin disminuir en lo más mínimo cualquier otra convicción, que eso es realmente lo que hace la verdadera convicción revolucionaria”.

“Los propios problemas de la Revolución, lejos de retrasar la Revolución, lejos de dificultar nuestras aspiraciones, nos enseñan a superar las dificultades e incluso superar esas aspiraciones”.

“Los hombres pasan, los pueblos quedan; los hombres pasan, las ideas quedan. Los hombres pasan, pero el sentido de la justicia, de la hermandad y de la igualdad entre los seres humanos, el derecho a defender sus valores, a defender sus esperanzas, a defender su alegría, (…) en nuestro pueblo, no pasará jamás”.

“La Revolución no la hizo una sola generación, la Revolución la comenzó la generación de Céspedes, de Agramonte, de Maceo, de Gómez, de Martí, de Mella, de Villena, de Guiteras; la llevó adelante nuestra generación en el Moncada, en la Sierra Maestra, en la lucha contra las agresiones imperialistas; la lleva adelante nuestra actual generación de jóvenes”.

“No somos un pueblo que se detenga a saborear el placer de las victorias ni a vanagloriarse de sus éxitos. Con la experiencia adquirida y las formidables fuerzas acumuladas, no nos detendremos hasta que todos y cada uno de los justos objetivos que juramos en Baraguá hayan sido alcanzados”.