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«Es imposible para todos los que sentimos admiración por nuestro líder histórico leer este artículo (Fidel es un fuera de serie, Randy Perdomo García, 3 de febrero) y poder contener las lágrimas. Yo me puedo poner en tu piel, imagino los nervios y la emoción de estar frente a él, ese siempre fue y será el mayor sueño de mi vida. Quizá no tuviera la valentía de intercambiar tanto con él como lo has hecho tú, pero solo con verlo y sentirlo me hubiera bastado, con la seguridad de que es una experiencia única que tú tuviste la oportunidad de vivir.
Hacía tiempo que Fidel no aparecía en público. Como me dijo en La Habana un cubano: “es clamoroso el silencio del Comandante”. Muchos suponían que se encontraba enfermo. Quizás recluido en un hospital, y con su estado de salud tratado como secreto de Estado.
Poco antes de salir yo para Cuba, a mediados de enero, corrió la noticia de que Fidel había muerto. Por centésima vez… Me llamaron varios periodistas interesados en saber si yo había recibido la confirmación del suceso por parte de mis amigos cubanos.
Fidel, Almeida y Raúl, a la salida de la prisión el 15 de mayo de 1955.
Capítulo del libro inédito Los padres de un hijo de la Patria en el que los progenitores narran pasajes de la vida del inolvidable luchador
Raúl y Almeida en los días de la Sierra Maestra.
Después de la victoria de Pino del Agua, Fidel Castro expresó su decisión de ampliar los territorios de combate
Desde 1959, la política exterior del Gobierno revolucionario cubano se orientó a desarrollar relaciones diplomáticas y comerciales con todos los países, independientemente de sus regímenes económicos, políticos y sociales, sin perjuicio de los lazos con Estados Unidos.
Pero era evidente que tarde o temprano las contradicciones asomarían como resultado de los propósitos subversivos estadounidenses y de la radicalización del proceso revolucionario.
Esta historia cumple hoy 55 años. Comenzó la tarde del 4 de marzo de 1960, cuando un avión, procedente de Curazao, toca tierra cubana. En el aeropuerto de Rancho Boyeros reina la confusión. Una y otra vez el personal de aduana revisa pasaportes y requisa bolsos y maletas.
—¿Qué sucede?, pregunta el recién llegado, un cincuentón de complexión fuerte, bajo de estatura, cabello escaso y algo canoso. Llaman la atención sus ojos profundamente azules y expresivos.
—Una explosión en el puerto de La Habana, responde alguien sin más explicación.
Portador de uno de los diseños arquitectónicos más emblemáticos de su época, el surgimiento del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), puso de manifiesto que la idea avizorada por Fidel el 15 de enero de 1960 de gestar un futuro de hombres de ciencia en Cuba no quedaba en una simple frase.
Unas de las fechas de la historia de Cuba que más unió al pueblo cubano alrededor de su Revolución fue indudablemente el horrendo sabotaje al vapor La Coubre aquel 4 de marzo de 1960.
Los órganos de prensa cubanos han recogido lo monstruoso de lo causado ese día en la bahía de La Habana por el gobierno norteamericano y su aliado el gobierno del dictador Rafael Leonidas Trujillo, sátrapa dominicano.
Aproximadamente a las tres de la tarde del 13 de marzo de 1957, un camión se estacionó en el callejón sin salida que nace donde convergen las calles 21 y 24, en el Vedado. Del edificio aledaño, descendieron las escaleras, de dos en dos, un grupo de jóvenes y entraron al vehículo. Otros, encabezados por Carlos Gutiérrez Menoyo y Faure Chomón, se encaminaron hacia los automóviles parqueados en la zona. El convoy enrumbó por 21 y tras doblar en la calle 26, siguió por 17.
Mientras José Antonio Echeverría yacía en el suelo, a un costado de la Universidad, tras caer abatido por la policía batistiana el 13 de marzo de 1957, el equipo de cirujanos de guardia, en el hospital Calixto García, todos estudiantes, trató de rescatar su cuerpo. El gesto lo devela por primera vez un protagonista de aquel intento.
El 17 de marzo de 1960 el presidente de Estados Unidos Dwight D. Eisenhower aprobó el plan presentado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) desde finales de 1959, en aras de destruir la Revolución Cubana. El cumplimiento de este trajo consigo, trece meses más tarde —en la madrugada del 17 abril de 1961— la invasión por Bahía de Cochinos, que concluyó con su aplastante derrota 66 horas después en las arenas de Playa Girón. El contenido de este denominado “Plan de acciones encubiertas” no fue desclasificado hasta varias décadas después.
La memoria de los pueblos lleva la marca de días que le dieron un viraje a su historia. Pasan los años y, de algún modo, esa fecha crucial se vuelve tiempo de recuento, en algunos casos, de celebración. El aniversario XXV de la independencia de Namibia, nos remite a un pasado no tan lejano y al resurgimiento de un país con el que Cuba tiene lazos históricos de amistad y sobradas razones para acompañar los festejos.