Algunos políticos estadounidenses no quieren volver atrás en el tiempo y rememorar la historia. Pretenden olvidar simplemente y seguir adelante. Pero es vital recordar, para impedir que se repitan aquellos terribles sucesos que han conmovido la nación, y que nuestras más jóvenes generaciones apenas conocen. La historia del terrorismo contra Cuba no es parte de un pasado, sino continuidad que se extiende en múltiples formas hasta nuestros días. Los principales ejecutores de esta barbarie se pasean libremente por el país que aupó sus acciones y perdonó sus crímenes.
Al presentar al pueblo a los integrantes del Comité Central, Fidel subrayaría que «no hay episodio heroico en la historia de nuestra patria en los últimos años que no esté ahí representado.
Palabras de Jorge de la Nuez Orozco, hijo de uno de los mártires del sabotaje contra el avión civil cubano, el 6 de octubre de 1976. Él junto a familiares, compañeros de labor, amigos, deportistas y pueblo en general, se dieron cita este miércoles ante el Panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en la necrópolis de Colón, en La Habana, para rendir tributo a las víctimas del terrorismo.  
Tuve acceso a los cientos de páginas en Venezuela sobre el crimen del 6 de octubre de 1976 contra el avión civil cubano. Los folios del expediente son voluminosos. Llenan un closet entero de las oficinas de la fiscalía en Caracas. Consisten en decenas de piezas y anexos, además de unas diez piezas adicionales que corresponden a la causa por corrupción administrativa, seguida tras la fuga de Luis Posada Carriles de la penitenciaría de San Juan de los Morros, el 18 de agosto de 1985.  
El 6 de octubre se cumplieron cuarenta años de la destrucción en pleno vuelo de un avión civil cubano que estalló cerca de Barbados y aniquiló a 73 personas. Fue el atentado terrorista más grave ocurrido hasta entonces en el Hemisferio Occidental pero aun no se ha hecho justicia. Se cumplen también cuarenta años de impunidad y complicidad.   Los autores intelectuales del horrendo crimen han disfrutado de la protección y la hospitalidad ininterrumpida de los gobernantes norteamericanos, desde Bush padre hasta Barak Obama.  
Entre el 4 de octubre de 1963 y el del 2016, claro que hay diferencias. Son muchos años, 53, para encontrar similitudes. Sin embargo, a pesar del tiempo, aunque no pocas cosas fueron bien distintas, otras son muy parecidas.  
Ante los caminos rotos, los árboles mutilados y los escombros queriendo gobernar los pueblos luego del ciclón Flora, en 1963, la esperanza se vistió de verde olivo y caminó del brazo del Comandante en Jefe.
Hace 49 años un vil asesino a sueldo, un terrorista, dirigido por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, creyó que había matado a un hombre en Bolivia. Pero eso era entonces ya imposible, lo que no sabía ni sabe el sanguinario verdugo Félix Rodríguez Mendigutía es que con su crimen acabó por inmortalizarlo. El Che sigue siendo un reto, un desafío, un valladar infranqueable para el imperialismo.  
No hay desmemoria posible 40 años después que 73 familias perdieran hijos, hermanos, padres, esposas…, a bordo de aquella aeronave cubana.
  Fidel forjado en las aulas universitarias al triunfo de la revolución estrecha sus vínculos con los jóvenes de estos centros, por lo que se hicieron frecuentes sus visitas a las instalaciones, que al inicio constituían casas deshabitadas por ser residencia de burgueses que se marcharon a Estados Unidos, entonces eran usadas por el gobierno revolucionario cubano para planes becarios.  
A cierto anticastrismo le gusta repetir que Castro traicionó a la revolución, como si ese fenómeno histórico denominado revolución cubana no fuera precisamente la revolución de Fidel Castro.