Biblioteca
«Entre los inconmensurables ejemplos que Fidel dejó como herencia a los revolucionarios de América Latina y el Caribe, destacan dos que han sido determinantes en las luchas de nuestros pueblos, partidos y movimientos. Estos son la unidad y el internacionalismo consecuente».
En cualquier país, ciudad o región del mundo Fidel Castro es un hombre presente en la vida cotidiana de millones de seres humanos, a pesar de la partida física del líder histórico de la Revolución cubana el pasado 25 de noviembre.
En Managua, sede por estos días del XXIII Encuentro del Foro de Sao Paulo, se siente ya la presencia del eterno Comandante en Jefe de la mayor de las Antillas, un paradigma para los pueblos de la mayoría de las naciones del planeta tierra, y especialmente para los de Latinoamérica y el Caribe, además de África y Asia.
Temprano en la mañana del viernes 24 de julio de 1953, los jóvenes de Artemisa —entonces perteneciente a la provincia de Pinar del Río— que participarían en el ataque al cuartel Moncada, recibieron la orden de trasladarse a La Habana. Por esa razón, en varios hogares del reparto La Matilde y en otros barrios se dieron explicaciones un tanto extrañas para los familiares.
El declive del prestigio de Estados Unidos iniciado a finales de la década de 1950 —con el colapso del sistema colonial y la creciente tendencia en la correlación de fuerzas a favor del socialismo—, llegó a su clímax en la década de 1960 con la Revolución Cubana como protagonista de una nueva era, después que Fidel Castro y la Generación del Centenario hicieran añicos el mito de la invencibilidad del ejército de Batista y la hasta entonces paralizante doctrina del fatalismo geográfico.
Un gobierno de nuevo tipo se constituye en el Continente Latinoamericano, en el año 1959, en un país subdesarrollado: Cuba, y solamente a 90 millas de los Estados Unidos de Norteamérica.
Fidel sabía que para lograr un verdadero cambio en el país en beneficio del pueblo, no era suficiente derrotar a la tiranía, algo que ya había logrado, sino que era necesario establecer un gobierno de nuevo tipo, que ahora se llevaría a cabo.
De los combatientes escogido por Frank País, jefe de Acción nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, para enviarle a Fidel como refuerzo a la Sierra Maestra en marzo de 1957, no podían faltar los revolucionarios de Puerto Padre.
20 de julio de 1963. Fidel clausura el Encuentro Técnico Nacional sobre heno, ensilaje y pastoreo intensivo, celebrado en el Salón de actos del Edificio Sierra Maestra, en La Habana.
Precisa que los cubanos tenían que demostrar lo qué son capaces como pueblo y como nación.
Agrega que no se podía dejar que impere el espíritu de los vagos, los ignorantes, los irresponsables, los apáticos, los indolentes y los pesimistas.
Para la historia han quedado las filmaciones de sus discursos y visitas, y las miles de fotos que confirman su presencia en casi todos los rincones de vueltabajo.
Hace 55 años, el 21 de julio de 1962, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz dejaba inaugurada la casa Museo Finca Vigía. Se cumplía así el acto de última voluntad de Ernest Hemingway, gran amigo de la revolución cubana.
Fue el 23 de agosto de 1961, semanas después del suicidio del novelista, cuando su cuarta y última esposa, Mary Welsh, se reúne con Fidel Castro y le hace entrega de la propiedad al Estado Cubano. El comandante tuvo la idea de convertir la Finca en un Museo para perpetuar el legado de Papa Hemingway.
Desde muy niño, Abel Benigno Santamaría Cuadrado, nacido en el central Constancia, en la entonces provincia de Las Villas, el 20 de octubre de 1927, escuchó hablar del batallar de Jesús Menéndez Larrondo por los derechos de los trabajadores azucareros. También mozo de limpieza y despachador de mercancías en la bodega, primero, y más tarde como empleado de oficina, ambos en ese ingenio, supo de las penurias de aquellos durante los prolongados períodos de “tiempo muerto”.