Aquel de 1992 fue un 26 de Julio diferente a los demás. Por primera vez después del enero victorioso de 1959 nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, no estaba en Cuba para celebrar otro aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.  
Un reciente libro del ex presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, titulado Muros, Puentes y Litorales. Relación entre México, Cuba y Estados Unidos (Penguin Random House Grupo Editorial, S.A, 2017), revela en su segundo capítulo el papel desempeñado por Salinas y Gabriel García Márquez como mediadores entre el presidente estadounidense Bill Clinton y el líder cubano Fidel Castro. El libro publica una carta –inédita hasta ahora- dirigida por Fidel a Salinas el día 22 de septiembre de 1994.  
—Hablemos del asalto al Moncada. ¿Considera usted que, en definitiva, ese ataque fue un fracaso?   —El Moncada pudo haber sido tomado, y si hubiéramos tomado el Moncada derrocamos a Batista, sin discusión alguna. Nos habríamos apoderado de algunos miles de armas. Sorpresa total, sumada a la astucia y el engaño al enemigo. Todos fuimos vestidos de sargentos… En Santiago de Cuba les hubiera llevado horas reponerse del caos y la confusión que se generaría en sus filas, dándonos tiempo para los pasos subsiguientes.  
EL ALMA DEL MOVIMIENTO   A partir de las cinco de la tarde del 25 de julio de 1953 comenzaron a llegar a Santiago de Cuba los futuros combatientes que asaltarían el cuartel Moncada, siendo recibidos por Fidel y Abel Santamaría en una casa del centro urbano de la ciudad, desde donde partirían hacia la Granjita Siboney.  
Con el heroico asalto de Fidel Castro y sus compañeros al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, tuvieron contacto cuatro reporteros gráficos: Fernando Chenard Piña, colaborador de la revista Bohemia; Panchito Cano, corresponsal de la misma revista en Santiago de Cuba; Ernesto Ocaña, del Diario de Cuba y Zenén Carabia, teniente del Ejército a cargo del departamento fotográfico del regimiento.
–Compañeros, escúchenme– se oyó la voz de Fidel en Villa Blanca, una granjita de recreo en la carretera de Santiago de Cuba a la playa de Siboney, en la madrugada de aquel domingo 26 de julio.   Las conversaciones de unas 100 personas cesaron. Cuando se hizo la calma, les dijo que el objetivo sería tomar el cuartel Moncada en una operación rápida y por sorpresa que no debía durar más de diez minutos. Y expuso el plan:  
Considero La Huelga Nacional del 9 de abril de 1958, en la versión jurisdiccional del Camagüey de entonces, un elemento decisivo , como detonante final, en las aspiraciones de los revolucionarios de esta parte del país de crear un frente guerrillero en la provincia. Entre otras cosas porque obligó a los más comprometidos   con su organización a pasar a la vida clandestina.  
La madrugada de este 26 fue todo ajetreo en Pinar. Apenas pasada la medianoche miles de personas desandaron sus calles. La multitud de pueblo se ubicó antes del amanecer en los predios de la plaza de la Revolución en Vueltabajo. A la cita con la Patria no faltó nadie.   Fue una celebración hermosa, en la que estuvimos acompañados por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y otros dirigentes de la Revolución.  
Hace 31 años Sancti Spíritus vio nacer al Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Docente Camilo Cienfuegos. A este feliz alumbramiento asistió Fidel y sus palabras vuelven una y otra vez en cada aniversario “Cuando las puertas de un hospital se abren no se pueden cerrar nunca más”.  
«No es fácil resumir en un solo hombre el valor, las virtudes y la grandeza de millares de luchadores revolucionarios que dieron sus vidas en el enfrentamiento a la tiranía batistiana. Puede decirse sin vacilación cuando ese hombre es Frank País».  
Para toda embarazada cubana resulta familiar la prueba alfafetoproteína, un análisis que, desde fechas muy tempranas, permite diagnosticar posibles malformaciones congénitas en el bebé que crece en el vientre materno.
En términos musicales se identifica como un himno a aquella composición poética creada para ser cantada en tono solemne e interpretada en actos públicos. Se caracteriza por su texto lírico que expresa sentimientos de alegría y celebración, representando a una organización, acontecimiento o país.