El 28 de octubre de 1962, cuatro días después de haberse instalado el bloqueo naval y aéreo alrededor de Cuba por las fuerzas armadas de Estados Unidos, Cuba conoció que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas había decidido –sin informar ni consultar al Gobierno Revolucionario–, retirar los cohetes nucleares, que había instalado en nuestro país, previa consulta con la dirección revolucionaria.   
Robert Kennedy nunca olvidará “el frígido tono” de J. Edgar Hoover, director del FBI, para comunicarle el apocalíptico suceso del asesinato de su hermano, el Presidente de EEUU.   A la una y 45 de la tarde del 22 de noviembre de 1963, Hoover telefoneó al Secretario de Justicia en su residencia de Hickory Hill: y le dijo “tengo noticias para usted, el presidente ha sido tiroteado”. Veinte minutos después volvió a llamar para decir: “el Presidente ha muerto.” Y colgó enseguida.   “Creo que me lo dijo con placer”, comentó Robert Kennedy.  
Fueron  más de cien las ocasiones en que el Comandante en Jefe visitó Villa Clara, en varias de ellas estuve presente. Ese fue un privilegio.   Y puedo sumar una que llamo fundacional, porque  en 1965 cuando se celebró el acto por el 26 de Julio en esta ciudad, mi madre estuvo allí, embarazada de mí. Creo que desde ese instante, su presencia quedó calada en mi alma, como en la de muchos de mi generación que confiaron en su ejemplo y en su indeclinable posición de principios.  
Al subir las escaleras que dan acceso a la parte frontal del Paraninfo de la principal universidad de esta ciudad siento un sobrecogimiento en el pecho, quizás por su singular simbolismo histórico. En este sitio, agentes contrarrevolucionarios encabezados por el asesino confeso Luis Posada Carriles, pretendieron realizar un magnicidio contra el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 18 de noviembre del año 2000.  
Los cubanos rinden especial tributo por estos días al líder histórico de su Revolución, Fidel Castro, de quien hablan con una mezcla de admiración, respeto y añoranza, pero siempre lo hacen en presente, pese a su partida física el 25 de noviembre del pasado año.
La Historia me Absolverá, conocido también como el alegato de autodefensa de Fidel Castro, ante el juicio por los acontecimientos de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, puede analizarse con muy diversos fines: como pieza oratoria o del Derecho, para profundizar en hechos históricos, ubicar raíces ideológicas, manera singular de presentar al pueblo el prog
15 de noviembre de 1962. Fidel envía una carta a U. Thant, secretario General de la Organización de Naciones Unidas, ONU. Explica que tras realizarse las negociaciones para dar solución a la crisis de octubre aviones norteamericanos continúan sobrevolando nuestro espacio aéreo. Advierte:   “Cualquier avión que sobrevuele el espacio aéreo cubano lo hará a riesgo de ser destruido”.  
Al triunfo de la Revolución Cubana, el gobierno de Estados Unidos poseía una vasta experiencia en la ejecución de medidas de subversión política e ideológica y guerra económica, como instrumentos de su política exterior durante la década de los años 40 y 50 del pasado siglo.
Fidel Castro brilló desde los primeros años de la Revolución –entre otras muchas tareas– por su determinación de concederle su verdadero significado al deporte convirtiéndolo en un movimiento intensivo de masas.  
Según testimonio de Fidel, quien dirigió personalmente la batalla, a las ocho y media de la mañana, mientras transitaba la habitual patrulla del Ejército batistiano por la carretera de Guisa, una ráfaga de la ametralladora 30 del capitán rebelde Braulio Curuneaux detuvo su marcha. Se generalizó el tiroteo. Tres morterazos de Aeropagito Montero y la maniobra envolvente de la tropa de Pungo Verdecia hicieron entender a los guardias lo inútil de la resistencia.
El 22 de octubre de 2017, alrededor de las 11:30 p.m., llego de Canadá al Aeropuerto Internacional José Martí, en La Habana, donde me está esperando René González Barrientos, presidente del Instituto de Historia de Cuba. Ha venido a recogerme a pesar de haberle pedido que no lo hiciera, dadas sus importantes responsabilidades en la organización del II Simposio Internacional La Revolución Cubana: génesis y desarrollo histórico. René insiste en que, en mi calidad de invitado, es su responsabilidad hacerlo.
«¿Dónde está Fidel…?», preguntaba un amigo en nuestra Plaza en aquellas jornadas de sonoros silencios y todos nos decíamos: ¿es que queda algún sitio sin su estampa? No cesan las zancadas del rebelde infinito, convirtiéndose en el golfo de los yates, dejando que las lomas se suban a su altura, reuniendo almas para guiar otro asalto por nosotros, alumbrando en lo alto el difícil camino de la Evolución Cubana. Fidel es pleno gerundio político porque es acción continua.