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El 1ro de agosto de 1953 Fidel Castro es sorprendido por fuerzas de la tiranía en el lomerío de la finca Mamprivá junto a Oscar Alcalde y José Suárez. El jefe de la tropa militar 2do teniente Pedro Sarría les salva la vida al entregarlos en el Vivac de Santiago de Cuba y no en el Moncada como lo ordenaron. Sarría detiene el intento de asesinar a los combatientes con la histórica frase: "Las ideas no se matan".
El 2 de agosto de 2010 Fidel Castro presenta el libro “La victoria estratégica”, el volumen de 896 páginas recuenta anécdotas y analiza los acontecimientos de la ofensiva de más de 10 mil soldados de la tiranía batistiana contra el Ejército Rebelde de 1958, donde la dictadura sufrió una aplastante derrota.
Este 13 de agosto los cubanos y muchas personas de todo el mundo celebramos el onomástico 92 del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz. En cada una de las esferas de la sociedad cubana está la impronta de Fidel con hechos y realizaciones concretas.
El 13 de agosto se cumplirán 92 años del natalicio del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro (1926-2016), fecha que por estos días invita a la reflexión sobre el legado de un hombre comprometido con las causas justas.
Hoy cumple 92 años. Cumple, sí, en presente, porque de otro modo obviaríamos su probada inmortalidad y negaríamos su constante presencia, desde esa dimensión maravillosa llamada corazón del pueblo, donde volvió a nacer, de manera espontánea.
Se llamaba Lina. Era cubana, de Occidente, de la provincia de Pinar del Río. De ascendencia canaria.
También de origen campesino y de familia muy pobre. Mi abuelo materno era carretero, transportaba caña en una carreta de bueyes. Cuando se mudaron para la zona de Birán, mi madre, que tenía entonces unos trece o catorce años, venía, junto a sus padres, hermanos y hermanas, de Camagüey, adonde habían viajado en tren desde Pinar del Río, buscando mejor fortuna. Luego recorrieron largos trayectos en carreta, primero hasta Guaro y finalmente hasta Birán.
Todo empieza por el conocimiento de las vocales y luego de las consonantes, ya sea por la antiquísima Cartilla de Cartagena, editada hace siglos por los colonizadores españoles para privilegiados de América, que se difundiría subrepticiamente entre los navegantes, o los métodos más contemporáneos. Por esa razón fue el aprendizaje de la lectura y la escritura y lo será siempre en cualquier parte del mundo. Sin embargo, desgraciadamente es común que método tan simple se le negara, también por siglos, a millones de seres humanos en el mundo.
Eran los años más duros del período especial. Con la pérdida de los mercados tradicionales, agudizadas las medidas de un bloqueo implacable, el país parecía condenado a precipitarse en el abismo. Escasearon los alimentos, carecíamos de los productos básicos para el aseo cotidiano. Ante la precariedad del transporte público, aparecieron las pesadas bicicletas chinas, garantía del cumplimiento de sus obligaciones por parte de trabajadores y estudiantes.
Fueron más de 60 las ocasiones en las que Fidel estuvo en el teatro de la CTC. La primera de las cuales se tiene registro se produjo el 9 de febrero de 1959, cuando pronunció un discurso en la Plenaria de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros.
Su trascendencia radica en que constituyó el punto de partida de una labor de convencimiento del líder de la Revolución para que los trabajadores dejaran de luchar en el marco estrecho de su sector y comenzaran a ejercer su papel protagónico en la nueva realidad que estaba viviendo el país.
Hoy cumple 92 años. Cumple, sí, en presente, porque de otro modo obviaríamos su probada inmortalidad y negaríamos su constante presencia, desde esa dimensión maravillosa llamada corazón del pueblo, donde volvió a nacer, de manera espontánea.
He tratado de buscar alguna fórmula que sintetice al Fidel Castro que ahora cumple 92 años, que sigue junto a nosotros y cuya impronta abarca cada acción de la vida, cada sector de la sociedad, a amigos –y hasta enemigos–, a viejos y jóvenes, a médicos y enfermos, a jefes de Estado y a desamparados de este mundo.
Fidel consagró toda su vida a la solidaridad y encabezó una Revolución socialista «de los humildes, por los humildes y para los humildes» que se convirtió en un símbolo de lucha. Nos enseñó a recurrir siempre a la historia, a ser audaces y a la vez realistas, y que lo que parece imposible se puede alcanzar si nos lo proponemos con firmeza y actuamos de manera consecuente.
Nos legó su ejemplo imperecedero, su irrenunciable optimismo y fe en la victoria, incluso en los momentos más difíciles de la Revolución.