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Un «perturbado mental» conduce su vehículo por unos cien kilómetros de carretera con un fusil de asalto y municiones, se detiene en plena madrugada en el corazón de Washington D.C., a muy poca distancia de la Casa Blanca, y abre fuego contra una Embajada. Se trata, evidentemente, de un «loco» muy lúcido, capaz de planear, organizar y actuar con bastante coherencia, preparación y cautela.
El pasado 30 de abril de 2020, la Embajada de Cuba ante Estados Unidos sufrió un acto terrorista, cuando un individuo desconocido disparó con un fusil de asalto más de 30 balas contra el edificio de la misión diplomática cubana. A pesar de la gravedad del acontecimiento y en una instalación ubicada a escasa distancia y en línea recta de la Casa Blanca, el gobierno estadounidense no ha emitido una declaración oficial condenando los hechos.
Un «perturbado mental» conduce su vehículo por unos cien kilómetros de carretera con un fusil de asalto y municiones, se detiene en plena madrugada en el corazón de Washington D.C., a muy poca distancia de la Casa Blanca, y abre fuego contra una Embajada. Se trata, evidentemente, de un «loco» muy lúcido, capaz de planear, organizar y actuar con bastante coherencia, preparación y cautela.
Era previsible, ya sucedió antes: El extremismo del Gobierno estadounidense contra Cuba vuelve a alentar el terrorismo.
Un fanático dispara contra la embajada de Cuba en Washington. No son los invisibles y nunca probados «ataques sónicos», que dijo la administración de Donald Trump que sucedían contra sus funcionarios en La Habana. Se trata de balas disparadas con un fusil de asalto, y sus impactos están bien a la vista en la fachada de la sede diplomática cubana, en la capital de Estados Unidos.
Desde el 1ro. de enero de 1959, son incontables las acciones terroristas planificadas, financiadas y ejecutadas contra Cuba por los servicios especiales estadounidenses y sus mercenarios, quienes, cumpliendo órdenes de la Casa Blanca, pueden llenar un currículo largo de horror y de sangre.
Era previsible, ya sucedió antes: El extremismo del Gobierno estadounidense contra Cuba vuelve a alentar el terrorismo.
Un fanático dispara contra la embajada de Cuba en Washington. No son los invisibles y nunca probados «ataques sónicos», que dijo la administración de Donald Trump que sucedían contra sus funcionarios en La Habana. Se trata de balas disparadas con un fusil de asalto, y sus impactos están bien a la vista en la fachada de la sede diplomática cubana, en la capital de Estados Unidos.
Es en este clima de provocaciones cuando la contrarrevolución envalentonada y aupada por el imperialismo y la CIA, lleva a cabo esa monstruosa acción terrorista de incendiar el círculo infantil Le Van Tam, sin importarles las terribles consecuencias que ocasionaría.
Juan Carlos García Granda, ministro de Turismo de Cuba, felicitó este domingo a los colectivos de los hoteles Paradiso (Playa Caleta) y Sol Palmeras, del balneario de Varadero, inaugurados por el Comandante en Jefe Fidel Castro hace 30 años.
Las dos instalaciones comenzaron a brindar sus servicios el 10 de mayo de 1990 en el afamado polo de sol y playa, el más importante de la Isla, ubicado en la costa norte de la provincia de Matanzas y a 140 kilómetros al este de La Habana.
SU nombre no ha quedado en mi memoria —no éramos condiscípulas en la misma aula en la Havana Business College en 1960-1961—, sin embargo nunca se me ha borrado la figura de aquella muchacha alta y delgada, porque iba permanentemente vestida de un negro cerrado que no encajaba con su edad de adolescente, pero encuadraba perfectamente con su tristeza, y sobre todo no olvido el motivo de su luto: su padre era uno de los estibadores del puerto de La Habana que había muerto en el atroz sabotaje al buque La Coubre en marzo de 1960.
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en la conferencia de prensa virtual ofrecida el 12 de mayo, sobre el ataque terrorista a la Embajada de Cuba en Estados Unidos, expresó: «Aquí hay un atacante, un fusil AK-47, 32 casquillos de proyectiles, 32 orificios de bala y la declaración –del ejecutor de los hechos- de la intención de agredir y de matar».
Pocas horas antes del ataque contra la embajada de Cuba en Washington, una mujer con impermeable rojo, lentes oscuros, tapabocas y capucha, fotografiaba la fachada de la casona de la Calle 16 en el barrio Adams-Morgan. Las cámaras de seguridad la grabaron a plena luz del día y, a pesar del disfraz, los funcionarios de la sede diplomática la reconocieron perfectamente. Es la esposa de un militante de la "causa" anticastrista, Mario Félix Lleonart Barroso, que, curiosamente, resulta ser común denominador de personajes e instituciones relacionados con esta trama.
Si los disparos del pasado 30 de abril contra la Embajada cubana en Washington hubieran llenado de huecos a la Casa Blanca (una realidad que no deseamos para nadie), entonces el atacante no tuviera hoy una amplia hoja clínica sicológica o siquiátrica. Aunque fuera un loco de remate, no haría el cuento.