Fidel no nos deja un catecismo ni una recopilación de consignas; sino una síntesis magistral de su pensamiento sobre qué es la Revolución, qué debe ser siempre, qué principios no puede abandonar. La describe en todas sus dimensiones; en toda su grandeza redentora, histórica, moral. Y habla igualmente de cómo deben ser los hombres y mujeres que la lleven adelante.    
La verdad por delante. No puede ser de otra manera si se quiere corresponder a la dimensión ética del proceso de transformaciones revolucionarias que defendemos y, por encima de ataques y contratiempos, nos hemos empeñado en profundizar.   Dejo a los filósofos despejar el antiguo dilema conceptual sobre la verdad que ha ocupado a esta rama del conocimiento desde los tiempos de Platón y Aristóteles. Me apego a la ética. Al hecho de asumir realidades desde una perspectiva honesta y diáfana.  A la necesidad de exponerlas y actuar en consecuencia.  
Como nos enseñaron Céspedes y sus hombres en 1868: apenas con las bravezas del pecho, unas pocas armas y la decisión de quitárselas a un enemigo miles de veces más poderoso. Y tras el inicial y duro tropiezo, aquella convicción de Céspedes: Nos quedan 12 hombres, bastan para la libertad de Cuba.  
Sin duda, la celebración del primero de mayo en Cuba, adquiriría una connotación y singularidad diferente a partir de 1959. A pesar de la larga tradición conmemorativa del Día Internacional de los trabajadores en la Isla, que se remonta a finales del siglo XIX, no sería hasta la llegada al poder de una verdadera revolución, que los obreros cubanos saldrían por primera vez a las calles, no a exigir demandas de mejoras salariales y otros derechos y reivindicaciones, sino para manifestar su respaldo al gobierno revolucionario y a las transformaciones  sociales en curso.  
La mañana de este Primero de Mayo en La Habana daba continuidad a una madrugada de trajines, situando la bandera en el balcón y a su lado un bello afiche de Fidel. Junto a ambos símbolos, esperamos a las 8 y con solemnidad y voz entrecortada, cantamos el Himno de la Patria.   Confieso que durante los segundos, cuando entonaba los acordes de la marcha, me trasladé a recuerdos de varias décadas atrás.  
Iba a ser una celebración diferente del Primero de Mayo. Esta vez no sería el tradicional y vistoso desfile de cada año. En aquel momento de efervesencia de la batalla por el regreso de Elián se le daría al adversario una formidable demostración de capacidad movilizativa y tácticas diversas.  
— No te vayas Ángel, no. Tú siempre estás buscando el peligro.   — Eso es lo que soy, ¿qué voy a decir? ¿que no? Cuando tantos compañeros están dando el paso al frente. ***  
Era previsible, ya sucedió antes: El extremismo del Gobierno estadounidense contra Cuba vuelve a alentar el terrorismo.   Un fanático dispara contra la embajada de Cuba en Washington. No son los invisibles y nunca probados «ataques sónicos», que dijo la administración de Donald Trump que sucedían contra sus funcionarios en La Habana. Se trata de balas disparadas con un fusil  de asalto, y sus impactos están bien a la vista en la fachada de la sede diplomática cubana, en la capital de Estados Unidos.  
esde medios ubicados en Cuba y al norte de ella, el odio se pasea, creyéndose inmune e impune; leve, enconado, o violento, como el caso del ataque denunciado a la sede de la Embajada de Cuba.   De quien utilizó el rifle de asalto y disparó contra la sede durante la madrugada, ha sido revelado ya su nombre, edad y lugar de residencia, aunque no se dicen las "motivaciones". Es sencillo concluir que fue el odio quien haló el gatillo.  
Es en este clima de provocaciones cuando la contrarrevolución envalentonada y aupada por el imperialismo y la CIA, lleva a cabo esa monstruosa acción terrorista de incendiar el círculo infantil Le Van Tam, sin importarles las terribles consecuencias que ocasionaría.
El atentado contra la sede de la embajada de Cuba en la madrugada de este jueves 30 de abril en Washington nunca podría haberse concretado sin complicidad del poder, ya que se trata una zona en el barrio de las sedes diplomáticas especialmente custodiadas, lo que nos recuerda, que sin la complicidad de los servicios de inteligencia, no se hubiera podido producir en septiembre de 1976 el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letellier, refugiado de la dictadura de Augusto Pinochet en Estados Unidos, quien murió en el acto junto a su secretaria Ronny Mofit, resultando herido el esposo de
Como afirmó Fidel hace 20 años, y aun antes, en los días posteriores al Moncada, la verdad, por mucho que la obstaculicen, termina por abrirse paso.