La tarde noche del sábado 14 de mayo de 1955, en el Presidio Modelo, parecía transcurrir como de costumbre. Sin embargo, un discreto mensaje había hecho llegar información sobre la aprobación de la Ley de Amnistía al día siguiente. La indicación de Fidel fue clara; no hacer nada que pudiera poner en peligro el resultado de tan ansiado día.  
Los cubanos recuerdan hoy el aniversario 70 de la excarcelación del líder histórico de la Revolución Fidel Castro (1926-2016) y otros jóvenes asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, ante la presión popular.   La liberación del Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos, llamado Presidio Modelo, fue posible gracias a un pujante movimiento proamnistía que tomó fuerza en todo el país y se convirtió en la mayor movilización a favor de esa causa realizada hasta el momento.  
Desde el siglo XIX Félix Varela ya había nombrado a la entonces Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, como la Siberia de Cuba. José Martí permaneció en este territorio por la causa de infidencia política desde el 13 de octubre y hasta el 18 de diciembre de 1870. Con la irrupción al poder  del presidente Gerardo Machado se retoma el odiado destino de la ínsula-penal, mediante la construcción del Presidio Modelo, luego renombrado en la década del 40,  Reclusorio Nacional para  Hombres de Isla de Pinos.
Que los sueños de justicia desembarcados días antes en una playa cercana, no encallaran en Alegría de Pío, tras el ataque sorpresa, tiene mucho que ver con los campesinos.   A esa fuerza, Fidel la reconoció entre los salvadores primeros del intento emancipador que estuvo a punto de sucumbir en aquel paraje inhóspito.  
Cuenta Frei Betto que después de pasar más de 20 horas durante cuatro madrugadas, del 23 al 26 de mayo de 1985, entrevistando a Fidel, se dio cuenta de que tenía un material muy precioso entre las manos: era la primera vez que un líder comunista al frente de un país socialista hablaba positivamente de la religión.  
Quieren hacer creer al pueblo cubano que esa fuerza uniformada, que hoy celebra 64 años de existencia, es su enemigo Si hay algo invaluable para una sociedad es, sin duda alguna, la tranquilidad. De esa paz depende en altísima medida que las personas se sientan seguras en el espacio que habitan y, por ende, contribuyan a mantener ese estado de cosas.
A «no olvidar jamás el legado del Comandante en Jefe Fidel Castro -que nunca se rindió-» exhortó, a nombre de la Comunidad del Caribe (Caricom) el embajador de la República Cooperativa de Guyana en Cuba, Halim Majeed, ante personal diplomático, empresarios y participantes en la XX edición de la Feria Internacional ExpoCaribe.
«No se trata de recordar a Fidel, se trata de traerlo a este momento; de impregnarnos de su doctrina revolucionaria para enfrentar los desafíos colosales de estos tiempos», afirmó el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al concluir el Pleno  
Hay hechos y seres humanos que demuestran la importancia crucial de la conciencia y del protagonismo del pueblo en los procesos de cambio revolucionario Los procesos históricos, sobre todo si tienen raíces y objetivos revolucionarios de carácter socialista, necesitan rostros que los encarnen y que simbolicen las demandas y las esperanzas de mayor significado para la sociedad.   Este es el caso de Fidel y del Che en la Revolución Cubana. Ambos forjaron una de las más hermosas y aleccionadoras relaciones de amistad de la historia contemporánea.  
Hay hechos y seres humanos que demuestran la importancia crucial de la conciencia y del protagonismo del pueblo en los procesos de cambio revolucionario Los procesos históricos, sobre todo si tienen raíces y objetivos revolucionarios de carácter socialista, necesitan rostros que los encarnen y que simbolicen las demandas y las esperanzas de mayor significado para la sociedad.   Este es el caso de Fidel y del Che en la Revolución Cubana. Ambos forjaron una de las más hermosas y aleccionadoras relaciones de amistad de la historia contemporánea.  
Los recientes estallidos populares en diversas partes del mundo han resaltado la importancia de la disputa simbólica. Han derribado monumentos del orden colonial, alzado las banderas de los pueblos originarios, renombrado calles y plazas. Han hecho pequeños actos de justicia histórica.