La invasión mercenaria a Playa Girón hace hoy 64 años está inscrita en la historia como la primera gran derrota del imperialismo estadounidense en América Latina y mostró el respaldo de los cubanos a la naciente Revolución. El 19 de abril de 1961, menos de 70 horas después del inicio del ataque mercenario a Cuba, orquestado por Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), los cubanos -sin grandes armamentos y diezmada su aviación de guerra por los bombardeos del día 15- vencieron.  
  Hoy se cumple el primer cuarto de siglo del concepto de Revolución esbozado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Tal vez ninguna otra de sus definiciones tomó tamaña dimensión histórica como la pronunciada en la Plaza de la Revolución, el 1ro. de mayo del 2000; al decir del General de Ejército Raúl Castro Ruz: «la quintaesencia del trabajo político-ideológico».   ¿Pero qué hace tan trascendente esta conceptualización?  
A propósito de un nuevo aniversario del asesinato de Antonio Guiteras Holmes y el revolucionario venezolano Carlos Aponte Hernández, cabe afirmar, sin lugar a duda, que fue uno de los políticos más preclaros de aquella época.
El cineasta Santiago Álvarez se encontraba inmerso en la realización del documental La guerra necesaria (1980), cuando invitó a Fidel Castro a conocer a Salustiano Leyva, un anciano que a los once años conoció a José Martí unas horas después de su desembarco, junto al Mayor General Máximo Gómez, por Playita de Cajobabo.
De su padre, quien acusaba a Fulgencio Batista de haber asesinado a Antonio Guiteras Holmes, los Trigo aprendieron el espíritu de lucha, el amor por la justicia y la necesidad de combatir la tiranía. Junto a él tomaron parte en colectas a favor de la República Española, a través de la Casa de Cultura Española de La Habana. ​
Transita el 2025 y la Revolución Cubana avanza entre circunstancias complejas y nuevas victorias. La ruta de Fidel y su Ejército Rebelde la sigue todo un pueblo que ha aprendido a resistir y vencer, sin perder de vista lo enorme y lo diminuto de la obra... y es ahí, precisamente, donde vive Celia sus ciento cinco cumpleaños.
El 1ro de mayo del año 2000 se convirtió en un día memorable en la historia de la nación cubana. En lugar del tradicional y colorido desfile que se celebraba cada año, el evento se transformó en una Tribuna Abierta de la Juventud, donde estudiantes y trabajadores se congregaron en la emblemática Plaza de la Revolución «José Martí».  
Cuando lo que median son los sentimientos, cuando a pesar de paisajes y costumbres muy distintos las almas de dos naciones se buscan y comprenden de modo admirable, puede afirmarse que se está ante un hermanamiento, ante una cercanía que no podrá ser disminuida por percance alguno. Es el caso del abrazo, tan sentido y firme, que se dan Cuba y Rusia, dos patrias que en décadas de relaciones han vivido una historia común muy rica.
¿Qué las aproxima tan directamente y qué las hace cada vez más entrañables a la tierra de las nevadas y a la isla de los cocoteros – a mi Rusia y a mi Cuba? Evgueni Yevtushenko “Rusia y Cuba” (1963)
En Media Luna, al Oriente de Cuba, nació una mujer que sería savia y semilla: Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley. Su nombre definiría su esencia.   Combatiente y madre en la insurrección, convirtió su vida en un puente entre la épica y lo cotidiano, tejido con hilos de ternura y metralla.   A los 26 años, bajo los seudónimos de Norma o Aly, ya articulaba conspiraciones en el Movimiento 26 de Julio, junto a Frank País García. Fue ella quien, con precisión de cartógrafa, diseñó la logística para el desembarco del Granma en 1956.  
El Premio Nobel de Literatura, el estadounidense Ernest Hemingway, y el Líder Histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, compartieron una jornada durante la premiación de uno de los torneos más antiguos de su tipo en el mundo, la Pesca de la Aguja, que lleva en su honor el nombre del famoso escritor. Ese contacto ocurrió el 12 de mayo de 1960, al cumplirse 10 años de la principal cita cubana de los sedales y los carretes; y se dice que hubo otro, pero solo se tiene constancia gráfica y testimonial de aquella ocasión.
Bajaron las escaleras de la entrada del presidio con la certeza de que empezaba una etapa determinante en la lucha. Durante 22 meses, desde octubre de 1953 hasta aquel 15 de mayo de 1955, Fidel Castro y muchos de los asaltantes al cuartel Moncada habían permanecido tras las rejas en Isla de Pinos, pero gracias al enérgico empuje del pueblo, ese mediodía respiraron al fin los aires de la libertad.