Privilegiada fecha es la del 10 de abril en la historia patria, y no exclusivamente por los hechos que de forma indiscutible la marcaron, sino por algo mucho más grande, más profundo, capaz de sobrepasar al tiempo, a los hombres, a su impronta: el amor por Cuba.   Un sentimiento, que ha tenido la fuerza suficiente para hilar los instantes definitorios del devenir de nuestro heroico batallar.  
No pudo sustraerse Fidel a la extraordinaria hazaña del desembarco de José Martí, Máximo Gómez y otros cuatro patriotas por la Playita de Cajobabo, ese paraje intrincado de la costa guantanamera, hace 130 años. Particularmente significativas fueron dos de sus visitas, la realizada en 1976, junto al documentalista Santiago Álvarez, y la de 1995, en ocasión de conmemorarse un siglo del trascendental desembarco.
En la nocturnidad de hace 130 años, después de la arremetida independentista extendida por un decenio, dejado atrás el exilio, la patria y un puñado de hijos se reencontraron aquí. Desde estas arenas irrumpía una luz para Cuba y Latinoamérica.   José Martí y Máximo Gómez al frente del desembarco, junto a Maceo, liderarían la Revolución que, iniciada 27 años atrás en La Demajagua, había dejado inconcluso el encargo independentista de la Isla, sin haber desaparecido las causas de origen.  
En 1958 la guerra había entrado en su etapa final. El Ejército Rebelde había alcanzado tal madurez que le infringía continuas derrotas al enemigo. Para ese momento, un elemento sorprendente desde todo punto de vista, era la organización estructural y funcional que se había alcanzado en la Sierra Maestra y en el resto de los territorios en que se luchaba.
A 66 años de la histórica visita del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, a la capital de Estados Unidos, un grupo de niños y adolescentes de la Embajada de Cuba reeditarán hoy en Washington sus pasos.   La iniciativa de la representación diplomática de la isla permitirá conocer más sobre un importante pasaje de la historia nacional y se inserta en el gran programa de actividades que marcarán las celebraciones por el centenario de Fidel, el 13 de agosto de 2026.  
Toda victoria lleva aparejado una derrota: son las dos caras de un conflicto. La derrota más legendaria fue la del gigante Goliath contra el pequeño David por el desnivel de las fuerzas en contradicción. Pero hay otra aún más antológica por su asimetría: la derrota ocasionada por la pequeña isla de Cuba a una invasión armada hasta los dientes y amparada por el Imperio más poderoso de todos los tiempos. Un misterio que desvela aún a los expertos militares.
Todos los años por el mes de abril, las personas más longevas de este sureño territorio recuerdan los días duros de 1961, y la influencia determinante de su pueblo en la victoria de Girón.   Todos conservan una anécdota de aquella gesta en la que Jagüey Grande fue un punto de apoyo, un sostén.   Hombres y mujeres que pasan ya de los 80 años de edad, rememoran cómo la gente vitoreó a las caravanas de autobuses y camiones repletos de milicianos, combatientes de caras desconocidas a quienes alentaron sin cesar.    
El 16 de abril de 1961 Fidel Castro proclamaba el carácter Socialista de la Revolución cubana ese día afirmó: “Esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes.  Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”. (1)  
Estremecen las líneas escritas de la epopeya, del preludio, de la batalla, de la victoria; ya herido de muerte por la metralla que de forma salvaje cayó sobre los aeropuertos de Ciudad Libertad, Santiago de Cuba y San Antonio de los Baños, el combatiente Eduardo García Delgado, poco antes de su último aliento, escribió, con su propia sangre, un nombre: FIDEL. Hay una mítica imagen que inmortaliza la primera gran derrota del imperialismo en América, el líder de la Revolución Cubana saltando victorioso de un tanque T34, tras vencer a los invasores.
Los cubanos celebran hoy los 64 años de la victoria de Playa Girón contra una invasión mercenaria, que con apoyo del gobierno de Estados Unidos, estaba dirigida a derrocar el naciente proceso revolucionario. A pesar de las pretensiones imperialistas, en menos de 72 horas de intensos combates, la nación caribeña logró derrotar la agresión ejecutada por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés).  
No hay poderío mayor que el de un pueblo unido y decidido a defender una causa justa.   Esa fue la lección más poderosa que dejó la victoria de Playa Girón y fue, a su vez, la motivación esencial de los combatientes cubanos en aquellos gloriosos días de abril de 1961.  
A sus 92 años de edad, Anastasio Suárez Rodríguez es lo que se dice un anciano venerable y, por si fuera poco, mantiene vivo el deseo de seguir haciendo por la Revolución.   A pesar de su avanzada edad, confía en que el tiempo le alcance para empeñarse en otros proyectos. «Yo me digo: si Fidel nunca se detuvo, yo tampoco voy a parar», expresa para reiterar su decisión de continuar luchando en esta vida.   Siente orgullo de haber integrado el Batallón 225 de Jagüey Grande, y de su participación en el enfrentamiento a los mercenarios en abril de 1961.