A los 7 años de edad, en el año 1959 acompañé a mi mamá a la Parroquia de El Cobre, en Santiago de Cuba, para cumplir una promesa que había prometido a la Virgen de La caridad, si nuestra familia salía ilesa de las actividades de apoyo a la lucha insurreccional contra Batista.  
A través de una mirada íntima y reflexiva, la muestra Toda la gloria del mundo revela múltiples dimensiones del Comandante en Jefe  
Leonardo Molina Domínguez, director del Centro Mixto 6 de Agosto, en Birán, aseguró que la última visita de Fidel a esa escuela lo marcó como persona por la promesa hecha al líder de conservar el colegio, compromiso que ha mantenido hasta hoy.      En ese plantel educacional se forma correctamente a cada generación de niños, motivada por la enseñanza de cualidades y valores perdurables en el tiempo, precisó Molina Domínguez durante una entrevista con la ACN.  
Dos rebeldes irreverentes, como no hubo otros en su tiempo, dieron forma y vida al sueño de dos grandes de otros siglos: Bolívar y Martí   «Desde aquel día de aquel abrazo, la humilde vida mía quedó sellada para siempre al lado del gigante que es Fidel», se lee en lo alto de un cuadro imponente, como los dos hombres que en su imagen se abrazan.  
(Adelantamos la introducción del texto FIDEL,CHÁVEZ Y EL DESTINO DE NUESTRA AMÉRICA, de Germán Sánchez Otero, que próximamente saldrá en Venezuela en una edición conjunta del Instituto de Altos Estudios del Pensamiento del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías y el Centro Fidel Castro Ruz, con prólogo de Adán Chávez Frías)       Tengo dos buenos gallos aquí en el patio de la choza de palma y ya comenzaron a cantar. Uno es un enorme gallo Giro que se llama Fidel. Y el otro es un agresivo Zambo que se llama Chávez.  
En los primeros años de la Revolución se entonaba un estribillo: ¡Fidel, Fidel, qué tiene Fidel, que los americanos no pueden con él! Y definitivamente no pudieron. Esa idea se mantiene arraigada en varias generaciones de cubanos: el Comandante en Jefe sigue naciendo, victorioso, cada 13 de agosto.  
En 1985, un periodista extranjero le preguntó a Fidel: «¿Cuál quisiera usted que fuera su legado?, ¿cómo le gustaría que se interpretara lo que usted ha hecho en estos años?».  
También a través de los libros Fidel se hizo revolucionario; ellos fueron impulso y respaldo en cada una de las batallas de su vida. En su despacho, una pieza que solía impresionar a sus visitantes por la austeridad y el orden, había una gran biblioteca y una mesa de trabajo llena de libros y documentos. Allí estaban también un busto de José Martí, una escultura del Quijote sobre Rocinante, y una foto dedicada de Ernest Hemingway.  
Es conjurar la felicidad y la plenitud de los hombres y las mujeres en el momento irrepetible de la vida diaria, de la construcción de esa vida   «Ni a la justa admiración ha de tenerse miedo, porque esté de moda continua en cierta especie de hombres el desamor por lo extraordinario», alertaba José Martí. «La normalidad no gusta de los grandes», advertía Fernando Martínez Heredia.  
Hace 99 años nacía en Birán, Cuba, Fidel Castro Ruz. No voy a incurrir en la tentación de escribir aunque sea una brevísima biografía de este personaje excepcional e inabarcable. Y esta adjetivación se corresponde en plenitud por el papel sobresaliente que el líder cubano jugó no sólo en su país sino también en la política mundial.
Tres rebeldes son apresados por el ejército de la dictadura batistiana, en medio de la noche y de un terreno cenagoso, en los momentos posteriores al desembarco del Granma y la derrota temporal de Alegría de Pío. La fatiga de sus rostros, y las ropas raídas, denotan la acumulación de varias jornadas errantes. Más de una vez inquieren sus captores: ¿Dónde está Fidel?, en busca de alguna información que les permita dar con el paradero del líder revolucionario.
Había vivido tardes de lluvia e insomnio; mediodías entre el polvo de libros y viejas páginas en archivos olvidados; viajes por carreteras bajo el sol de esas horas ardientes, aburridos o con olor a pólvora, el tedio colándose por las hendijas del alma o la calma tenue y frágil como de agudo silencio soplando en la brisa a pleno rostro; tardes lúcidas y tardes inconformes, algunas habladoras y fecundas, otras como enmudecidas en medio de su pereza y lentitud enfermizas por sobre los tipos de la máquina de escribir, tardes grises como las de Sindo Garay  y tardes azules…pero en realidad