El asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, y de su antesala territorial, el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, no fue concebido y realizado solo para revertir a un gobierno de facto que había asumido el poder mediante un artero golpe de Estado militar un año antes. No se trataba de un "quítate tú para ponerme yo", ni siquiera representaba solo el justo castigo por haber interrumpido la gestión de otro gobierno legalmente electo por sufragio universal, o sea de forma constitucional, aunque se caracterizara por el robo a los fondos públicos y cualquier tipo inimaginable de...
La República ya había celebrado su aniversario 50. En la moderna y reluciente Habana se levantan grandes hoteles-casinos de lujo, manejados por la mafia. Los ricos estrenan el último modelo de Buick, frecuentan las tiendas El Encanto y Fin de siglo. Un público heterogéneo acude a los cines Payret, Dúplex y Radio Centro.
En el firme de la Sierra Maestra, no muy lejos de Minas de Frío, residía la familia Mompié, cuya humilde vivienda fue el sitio escogido para la celebración, el 3 de mayo de 1958, de la reunión donde fueron analizadas las causas que condujeron al fracaso de la huelga general revolucionaria del 9 de abril de ese año.
Pocos le odian, la mayoría le tiene gran simpatía. Pero todo el mundo reconoce que no hay ahora en el mundo ningún personaje político que pueda compararse con el espontáneo amor y simpatía que por él se siente en el mundo entero. Es una verdad que nadie puede negar.
El 24 de julio de 1953, Antonio Betancourt Flores se despidió por última vez de su familia. Partía rumbo a Santiago de Cuba, hacia la gloria eterna de quienes luchan por la libertad de su patria.
La mención a ese nombre provocó en la Sala una intensa emoción, toda vez que ella era considerada por todos los miembros del tribunal como el principal testigo de descargo después de Fidel. Eso anoté en la quinta vista de julio por los sucesos del Moncada. Ella y la doctora Melba Hernández Rodríguez del Rey fueron las dos mujeres que integraron el contingente de jóvenes revolucionarios que bajo el liderazgo del doctor Fidel Castro protagonizaron la gesta del 26 de julio de 1953.
Fidel Castro: “Si los mambises tuvieron el 10 de Octubre, nosotros tuvimos nuestra fecha histórica el 26 de julio; si ellos tuvieron el 24 de febrero, el inicio de la Guerra de Independencia, eso exactamente significó para nosotros el desembarco del Granma”. Cada uno de ellos, en su tiempo, fueron sometidos al juicio más justo: el de la historia, y salieron victoriosos.
El colonialismo no fue ajeno al subdesarrollo y la pobreza que hoy sufre una gran parte de la humanidad. Tampoco son ajenos la hiriente opulencia y el derroche de las sociedades de consumo de las antiguas metrópolis que sumieron en la explotación a gran parte de los países de la Tierra. Por luchar contra el hambre y la injusticia han muerto en el mundo millones de personas.
El líder del Movimiento que ejecutó las acciones del 26 de Julio pasaba por situaciones personales y económicas muy duras, pero nunca usó el dinero recaudado para la lucha para satisfacer sus necesidades.
El 24 de octubre de 1963, John F. Kennedy, que ocupaba la presidencia de Estados Unidos, sostuvo una entrevista con el periodista Jean Daniel Bensaid, que trabajaba para el diario francés L¢ Express.
Esmérido Rivera Rúa, primer guía de Fidel después del Moncada. Alcanzó los grados de primer teniente en el Ejército Rebelde. El nieto de Chicha, de estirpe mambisa, recorre con la autora, el agreste camino por donde sacó al hombre grande y compañeros, burlando la “ratonera” tendida por los guardias la mañana del 26 de Julio de 1953.
En su casa no sabían de los preparativos del Moncada, todo fue planeado en secreto, pero sí tenían conocimiento de la filiación política de Julio Díaz y de su incomodidad respecto al golpe de Estado de 1952. Del resto se enterarían más tarde. Sabrían que, gracias a su trabajo en la ferretería, Julito suministraba las armas calibre 22 para las prácticas de tiro y que, en lugar de ir a hacer un balance a la capital, se hallaba entre los artemiseños que, abandonando el calor del hogar, habían partido rumbo a Santiago de Cuba para llevar a la práctica sus ideales revolucionarios.