El perenne homenaje a los caídos en la lucha revolucionaria ha sido una constante en la vida de Fidel Castro Ruz, líder de la generación de jóvenes que en el empeño por derrocar la tiranía de Fulgencio Batista, el 26 de julio de 1953 asaltaron los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo, en la entonces provincia de Oriente.
Un día antes del natalicio de José Martí el 28 de enero   en horas de la noche desde su pedestal el Alma Mater vería a cientos de cubanos bajar la escalinata en manifestación organizada por la FEU, empuñando una antorcha encendida y dirigirse hacia la Fragua Martiana donde tan solo con 17 años el apóstol cumplió condena en el año 1870. Era la marcha de las antorchas, el homenaje sincero del estudiantado y del pueblo al centenario de nuestro José Martí frente a los sombríos y hipócritas actos de la dictadura. Las llamas de aquellas antorchas eran la luz entre las tinieblas imperantes...
Fidel Castro y 28 de sus compañeros guardaban prisión desde hacía casi un año por el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, y las firmantes pedían la amnistía no solo para ellos, sino también para los militares presos, los exiliados y todos los presos políticos de Cuba, sin importar la tendencia a que pertenecieran.
En el juicio por los sucesos del 26 de julio de 1953, el coronel Alberto del Río Chaviano, jefe de la fortaleza militar del Moncada, mintió deshonrosamente sobre la procedencia de los asaltantes.
Dos protagonistas de la gesta del 26 de Julio rememoran detalles del acontecimiento, en especial, del asalto al cuartel Carlos Manuel de Céspedes de la ciudad de Bayazo. Más que los fogonazos, era el ruido insistente de la ametralladora. Y eran las balas picando cerca del cuerpo, levantando astillas de madera y columnas de tierra, y era el olor a pólvora, un olor que al llegar a la boca en cuestión de segundos la resecaba y la convertía en algo pesado. Aquello se convertía entonces en algo agónico, en busca de un fresco que no llegaba en medio de la noche.
Sobre los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes se ha escrito mucho. En 60 años es difícil no repetirse, encontrar historias no contadas, continuar conmoviendo a las jóvenes generaciones con aquellos hechos que marcaron el devenir histórico de la nación cubana.  Precisamente para construir puentes con el pasado y acercar la historia al presente, por primera vez tres instituciones patrimoniales cubanas se lanzaron en un sueño común: reunir en un mismo lugar documentos, fotos, archivos personales, cartas, objetos y ropas, que cuentan la historia de los asaltantes al...
Fidel nos reunió a los pilotos que habíamos estado presos. Miró para mí y me dijo: "Carreras, tú eres el más viejo, el de más experiencia; la tarea que te voy a dar es la de preparar a los futuros pilotos que necesitamos para defender la Revolución desde el aire. Sabemos que tarde o temprano nos van a atacar".
El Presidio Modelo, convertido Monumento Nacional, museo y reino infantil en Isla de la Juventud, sigue testimoniando sus contrastes, enseñanzas y los sueños amasados por los sobrevivientes de las acciones del 26 de Julio hace 60 años
El primero de mayo de 1952, en el cementerio de Colón, durante el homenaje a un trabajador asesinado el año anterior durante el Gobierno de Carlos Prío Socarrás, Abel coincidió con Fidel Castro Ruz, igualmente ortodoxo. Ese encuentro fue decisivo, porque desde el primer momento evidenció la comunión de ideas existente entre ambos en cuanto a la necesidad de enfrentar al régimen de facto y dar un vuelco a la situación económica, política y social del país.
Desde una semana antes fueron cursadas las instrucciones a los jefes de células. Determinar nuevamente quiénes eran los más decididos. Entre ellos, seleccionar preferiblemente, a los que no tuvieran hijos. Se calculó la cantidad de hombres necesarios: 135 para Santiago de Cuba, 30 para Bayamo. Ni siquiera todos los más decididos podrían ir; ni de todas las células. El límite lo determinaba la escasa cantidad de armas disponibles. Se reajustó el plan en su aspecto de las fuerzas a participar. Mientras menos grupos a mover, más seguridad para la acción.
El viernes 24 de julio se movió entre los apartamentos de 25 y 0 y el de Jovellar No. 107, en La Habana, donde vivían Abel Santamaría y Melba Hernández, respectivamente. Hizo salidas especiales con Teodulio Mitchell, el chofer del auto en que viajaba, y uno de los compañeros, primero en un Dodge negro y después en un Buick azul.
En Santiago de Cuba, cuna de la Revolución que se gestó en el país antes y después del Triunfo del proceso revolucionario liderado por Fidel Castro, un enorme cartel da la bienvenida a todos los visitantes que deciden pasear por la ciudad. “Santiago: rebelde ayer, hospitalaria hoy, heroica siempre”, así dice el gran lumínico y podría decirse que esa es ciertamente la impresión que se lleva todo el que a la ciudad llega.