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A la entrada del Moncada se da una curiosa cábala: tres soldados montan guardia en la posta tres y la ansiada sorpresa se rompe por la irrupción de una «posta volante» con tres guardias armados de ametralladoras.
Acaba de cumplirse el aniversario 60 del alzamiento de Sierra Canasta, un hecho protagonizado por un grupo de guantanameros el mismo día en que jóvenes liderados por Fidel Castro Ruz atacaron los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
«¡No te inmoles! (…) ¡No dimitas! ¡No renuncies!» Hay que tener una visión clara y certera para, en medio de un golpe de estado, aconsejar así a un hombre que Estaba dispuesto a sacrificarse por su pueblo.
En la madrugada del 12 de abril de 2002, Fidel Castro pudo contactar –tras horas de intentos infructuosos– con Hugo Chávez, quien se encontraba atrincherado en el Palacio de Miraflores, ante la componenda entre Pedro Carmona Estanga y Washington, que se proponía tomar el poder constitucional por la vía de las armas.
"De Cangamba nunca es posible decirlo todo", confiesa el Héroe de la República de Cuba, coronel Fidencio González Peraza.
Con el aval de haber hecho la forja de su vida en una familia de campesinos honrados, donde la presencia de un abuelo socialista plantó la semilla de la doctrina marxista, Vando Martinelli ingresa en el Partido Comunista de Italia en 1945, con apenas 15 años. No sabía entonces nada de Cuba.
Decir que alguien es asediado por la gloria no constituye exactamente un elogio, sino más bien el reconocimiento de que esa persona tiene un peso enorme sobre sus hombros. Si la carga es la misión de encaminar los destinos de un pueblo, implica una responsabilidad de signo mayor. Eso, de la segunda mitad del siglo XX para acá, a pocos seres humanos cabría aplicarlo con tanta propiedad como a Fidel Castro, quien desde sus años juveniles en la Universidad de La Habana emprendió cada vez más resueltamente un camino sin retorno en su voluntad de transformar a Cuba.
Hoy cumple 87 años Fidel. Todos los cubanos, los que lo siguen y aman, los que lo odian, no importa a qué generación pertenezcan, son sus hijos. Tal fue la magnitud de su influjo. Aquellos barbudos que entraron sobre camiones y tanquetas artesanales a la capital, hace casi 55 años, quebraron la línea de la historia: un antes, un después. Nada, nadie siguió siendo el mismo. Mi padre volvió a nacer, y sus hijos fuimos un proyecto diferente al imaginado. Los sueños se transformaron en metas alcanzadas y por alcanzar, en proyectos compartidos. Fuimos más realistas: aprendimos a sobrepasar los...
Para que hoy estemos reunidos celebrando el éxito de una graduación masiva de egresados de su proyecto ELAM y para vivir como usted, Comandante, ha vivido, se necesitan sueños y más sueños que hagan germinar los tulipanes.
Allí está él escribiendo cada día, hurgando en la conciencia de un mundo, que aún puede salvarse si escucha las voces que advierten desde la sabiduría revolucionaria, la humildad, desde el privilegio de adelantarse a los acontecimientos en un mundo incierto.Como un profeta revolucionario, con toda la pasión y la ternura con que mira el mundo por un catalejo de sueños que se hacen realidad en sus manos de orfebre hacedor de liberaciones.
Atardecía el 17 de noviembre de 2005 cuando apareció de súbito, bajó del carro y estallaron en segundos los gritos de aquella muchachada: ¡Fidel, Fidel, Fidel! Le esperábamos hacía varias horas en las afueras del Aula Magna de la Universidad de La Habana. Algunos “clasificaron” para escucharle al interior de la sala; el resto hacíamos “olas” en la calle. Todos estábamos allí, era la oportunidad de la vida de abrazarle.
Ladea su cabeza. Sonríe. Con rostro pícaro, sus ojos siguen el curso de los acontecimientos. No quiere perder un detalle. Tampoco quiere que lo descubran. Más de 45 mil personas son testigos de un momento único, mágico, irrepetible.
La noticia corrió como pólvora entre los vecinos del barrio de Tagarro a las afueras de la ciudad de Camagüey, vía Habana. Fidel visita la tienda “La Tuya”, establecimiento comercial a cinco kilómetros y medio del centro histórico de la otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe.