Raúl y Díaz-Canel presidieron el acto político cultural por el centenario del Comandante en Jefe y la clausura del I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro.

Este 13 de agosto de 2026, un siglo de vida después, la Historia volvió a agrandar sus portones para celebrar los cien de Fidel, el caballo, y en esa celebración de país estuvo presente el más fidelista de todos, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder al frente de la Revolución Cubana.

Abril 19 amanece en Cuba, siempre, como un clamor de campanas que celebra el triunfo memorable de un país heroico. Ese día, David venció a Goliat en las arenas de Playa Girón, y 60 años después, el mismo pueblo indomable que sangró en la Ciénaga por su Revolución, suma hoy, en honor a la fecha, otra victoria legendaria.  
 

«La pelea por lo justo nos une», así expresó el Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en su perfil de Twitter, al agradecer a todos los compatriotas y amigos del mundo, que este fin de semana sumaron sus voces contra el bloqueo estadounidense a Cuba.
 
El malecón habanero se llenó este domingo de banderas cubanas. Un mensaje tricolor ondeó desde las ventanillas de los carros, motorinas, cocotaxis, bicicletas... Carteles en mayúsculas, hechos a mano, «gritaron», fuerte y claro: «¡No más bloqueo!», «Puentes de amor», «¡Cuba por la Vida!».
 

A la Plaza, la de la Revolución, como a cada una de las calles y avenidas de este país, les faltó casi todo lo que las distingue un 1ro. de Mayo. Les faltó color; les sobró silencio.
 
A las casas, sin embargo, a la mayoría probablemente, las desbordó un bullicio inusual; inusual para un día como este, en el que los barrios, hasta muy adentrada la mañana, parecen desiertos.
 

Ni plazas ni calles con tu nombre. Ni efigie donde ponerte flores. Alejado de la frialdad de las estatuas. Distante de mármoles y bronces que, inertes, ha de erosionar el tiempo. Tus ideas multiplicadas en los hombres, ese será tu monumento.
 
Aborrecías cualquier asomo de culto a la personalidad, cualquier ex­­ceso de veneración, porque es co­sa de grandes parecer no serlo y de­jar atrapadas las glorias, sublimes o épicas, en pequeños granos de maíz. La continuidad está en plantarlos.
 

Luego de 29 años de iniciada la ampliación masiva del médico de la familia y la Residencia de Medicina General Integral, el Ministerio de Salud pretende retomar aquellos preceptos fundacionales, promovidos por el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro.
 
“[…] La verdadera medicina no es la que cura, sino la que precave […]”

En Birán, tierra fértil de hombres hacedores de futuro, Cuba celebró este miércoles, como en cada palmo del país, el cumpleaños 99 del Comandante en Jefe, homenaje que marcó el inicio de una festividad mayor: el programa conmemorativo por el centenario de Fidel, que es, como diría el poeta, «eso que el árbol llama raíz».
 

La conciencia nacional cubana, forjada al calor de nuestro bregar independentista, también ha estado estrechamente ligada al quehacer jurídico, siempre fértil y comprometido. En Cuba, historia y legislación tienen múltiples vasos comunicantes.
 
De hecho, la celebración, el 8 de junio, del Día del trabajador jurídico, rinde homenaje a la fecha, pero de 1865, cuando el Mayor Ignacio Agramonte discutió su tesis de grado, para alcanzar la categoría de Licenciado en Derecho Civil y Canónigo.
 

¿Por qué las revoluciones siempre deben volver al pensamiento de Fidel y Ho Chi Minh? «Porque ellos perciben el Socialismo como un sistema vivo, no como un dogma; eso nos transmite muchas enseñanzas para seguir adelante ahora y en el futuro».
 
A la respuesta del doctor Nguyen Viet Thao, vicerrector de la Academia Política Nacional Ho Chi Minh, quien asiste en la Escuela Superior del Partido Ñico López al Seminario Académico sobre las visiones revolucionarias del líder vietnamita y Fidel Castro Ruz, le siguió esta afirmación:
 

«Revolución (…), es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo».
Fidel Castro
 
Cuentan que lo justo le fluía en la sangre. Y que de niño aborrecía todo aquello que acentuaba las diferencias, las profundas diferencias de una época que, antes de la Revolución, ponía a los hombres en bandos: el de los ricos y el de los pobres, y ello, en casi todos los casos y en flagrante injusticia, daba sentido o no a la vida.