«Hemos podido asomarnos a la Corea de los trabajadores liberados, del pueblo soberano y digno, de los científicos creadores, de los niños felices, ¡la Corea del socialismo!», expresó el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro, el 11 de marzo de 1986, durante su visita a la República Popular Democrática de Corea, donde sostuvo conversaciones amistosas con el líder, Kim Il Sung.
Habían transcurrido, entonces, 26 años desde que, el 29 de agosto de 1960, ambas naciones establecieran relaciones diplomáticas y de colaboración.
Tres senadores estadounidenses, cual de ellos más obcecado con hacer rendir por hambre a Cuba, acaban de presentar un proyecto de ley que pretende castigar a aquellos países que aceptan la colaboración médica de la Isla.
Cualquiera de los tres, Marco Rubio, Ted Cruz y Rick Scott, tiene un amplio aval al servicio de la peor política contra la Mayor de las Antillas, y queda descartado que a alguno le interese cuántas personas salvan o ayudan a salvar nuestros galenos.
La mañana de este Primero de Mayo en La Habana daba continuidad a una madrugada de trajines, situando la bandera en el balcón y a su lado un bello afiche de Fidel. Junto a ambos símbolos, esperamos a las 8 y con solemnidad y voz entrecortada, cantamos el Himno de la Patria.
Confieso que durante los segundos, cuando entonaba los acordes de la marcha, me trasladé a recuerdos de varias décadas atrás.
En esto de inventar informes y recibir dinero por esa función, siempre existe algún impostor o mercenario que se presta para poner en blanco y negro las más groseras mentiras.
Para ello solo hacen falta dos factores: que Estados Unidos pague y que aparezcan uno o varios con apetito de limosnas, dispuestos a cumplir la tarea.
Estaba en la Sierra Maestra. Como Comandante en Jefe del Ejército Rebelde dirigía las operaciones finales contra la dictadura de Fulgencio Batista. El 7 de diciembre de 1958 llegó a su Comandancia un valioso alijo de armas procedente de la solidaria Venezuela. Lo había enviado el contralmirante Wolfang Larrazábal, el mismo militar que un año atrás había tenido bajo su mando a los navíos que precipitaron la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez.