Tres senadores estadounidenses, cual de ellos más obcecado con hacer rendir por hambre a Cuba, acaban de presentar un proyecto de ley que pretende castigar a aquellos países que aceptan la colaboración médica de la Isla.
Cualquiera de los tres, Marco Rubio, Ted Cruz y Rick Scott, tiene un amplio aval al servicio de la peor política contra la Mayor de las Antillas, y queda descartado que a alguno le interese cuántas personas salvan o ayudan a salvar nuestros galenos.
La mañana de este Primero de Mayo en La Habana daba continuidad a una madrugada de trajines, situando la bandera en el balcón y a su lado un bello afiche de Fidel. Junto a ambos símbolos, esperamos a las 8 y con solemnidad y voz entrecortada, cantamos el Himno de la Patria.
Confieso que durante los segundos, cuando entonaba los acordes de la marcha, me trasladé a recuerdos de varias décadas atrás.
En esto de inventar informes y recibir dinero por esa función, siempre existe algún impostor o mercenario que se presta para poner en blanco y negro las más groseras mentiras.
Para ello solo hacen falta dos factores: que Estados Unidos pague y que aparezcan uno o varios con apetito de limosnas, dispuestos a cumplir la tarea.
Estaba en la Sierra Maestra. Como Comandante en Jefe del Ejército Rebelde dirigía las operaciones finales contra la dictadura de Fulgencio Batista. El 7 de diciembre de 1958 llegó a su Comandancia un valioso alijo de armas procedente de la solidaria Venezuela. Lo había enviado el contralmirante Wolfang Larrazábal, el mismo militar que un año atrás había tenido bajo su mando a los navíos que precipitaron la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez.