Tres senadores estadounidenses, cual de ellos más obcecado con hacer rendir por hambre a Cuba, acaban de presentar un proyecto de ley que pretende castigar a aquellos países que aceptan la colaboración médica de la Isla.
 
Cualquiera de los tres, Marco Rubio, Ted Cruz y Rick Scott, tiene un amplio aval al servicio de la peor política contra la Mayor de las Antillas, y ­queda ­descartado que a alguno le interese cuántas personas salvan o ayudan a salvar nuestros galenos.
 

La mañana de este Primero de Mayo en La Habana daba continuidad a una madrugada de trajines, situando la bandera en el balcón y a su lado un bello afiche de Fidel. Junto a ambos símbolos, esperamos a las 8 y con solemnidad y voz entrecortada, cantamos el Himno de la Patria.
 
Confieso que durante los segundos, cuando entonaba los acordes de la marcha, me trasladé a recuerdos de varias décadas atrás.
 

Hoy, cuando todos los días despertamos con la incertidumbre de estar o no contagiados con la COVID-19, se impone una pregunta reflexión: ¿podrá la solidaridad vencer al egoísmo, y dar paso a una sociedad en la que todos se preocupen y ocupen de todos?

Fidel convirtió a la Mesa Redonda en un puesto de mando desde donde se llevaba al pueblo la información necesaria y oportuna para la comprensión de los temas nacionales e internacionales

Han pasado 27 años de aquella advertencia de Fidel, en la Cumbre sobre Medio Ambiente, en Brasil, en cuanto a que una especie biológica –el hombre– está en riesgo de desaparecer debido a la rápida y progresiva destrucción de sus condiciones naturales de vida.

Jair Bolsonaro, el «Trump del trópico» volvió a arremeter contra los miles de médicos cubanos que fueron a su país a salvar vidas y curar enfermedades, principalmente en los más difíciles parajes de la geografía de esa nación de 210 millones de habitantes.

En esto de inventar informes y recibir dinero por esa función, siempre existe algún impostor o mercenario que se presta para poner en blanco y negro las más groseras mentiras.
 
Para ello solo hacen falta dos factores: que Estados Unidos pague y que aparezcan uno o varios con apetito de limosnas, dispuestos a cumplir la tarea.
 

Estaba en la Sierra Maestra. Como Comandante en Jefe del Ejército Rebelde dirigía las operaciones finales contra la dictadura de Fulgencio Batista. El 7 de diciembre de 1958 llegó a su Comandancia un valioso alijo de armas procedente de la solidaria Venezuela. Lo había enviado el contralmirante Wolfang Larrazábal, el mismo militar que un año atrás había tenido bajo su mando a los navíos que precipitaron la caída del dictador  Marcos Pérez Jiménez.
 

Dos años es tiempo razonable para evaluarnos. Cada uno indistintamente y todos de manera colectiva. Saber cuánto y cómo hemos cumplido con el compromiso firmado por los cubanos para hacer realidad el Concepto de Revolución, legado de Fidel y patrimonio inseparable para nuestro presente y futuro.