La Revolución se hará con las mujeres o no se hará. Son ellas las que crean los canales de financiamiento, las que montan las casas de seguridad, las que organizan las redes que sostienen a la guerrilla en la Sierra Maestra y las que, como Eugenia Verdecia, llevan bajo sus faldas cartuchos de dinamita, granadas de mano, balas, peines de ametralladoras. “Con heroínas anónimas como estas, que imitan en todo a las mambisas del pasado, no puede haber causa perdida”, escribe el joven Raúl Castro, el sábado 29 de diciembre de 1956.
Hace hoy cinco años murió Fidel Castro, pero siento que han pasado décadas en Cuba desde el 25 de noviembre de 2016. Llegó Trump y pasó lentamente con su rosario de sanciones que se han sentido peor que nunca por la pandemia. Vino Biden con su corte de pusilánimes, desgranando cada día con amenazas veladas o directas, sin atreverse a cumplir sus tímidas promesas electorales.
-Muy buenos días o muy buenas tardes para quienes nos escuchan a través de la plataforma Spreaker. Estamos iniciando la transmisión de podcasts de Cubadebate, con un invitado de lujo, médico de profesión, especializado en Bioquímica, que estudió oncología en el Instituto Pasteur de París. Desde su fundación en 1994, dirige el Centro de Inmunología Molecular de La Habana. Bienvenido, doctor Agustín Lage.
Agustín Lage: Gracias, Rosa Miriam.
“Nadie se va a morir, menos ahora”. Es un verso de una canción que Silvio Rodríguez le dedicó a la invasión fallida de la CIA por Playa Girón, en Cuba, y se ha puesto de moda porque, nuevamente, “el aire toma forma de tornado”. El Malecón y otras calles bullangueras de La Habana están desiertas, preparados todos, puertas adentro, para la guerra contra el enemigo invisible.
Mi amiga Rebeca ha rescatado de las aguas y los vientos de Irma esta rara fotografía. No sabemos quién es el autor de la imagen en la que Fidel, el único de pie, se apoya en los hombros de Almeida para no perder el equilibrio. Detrás, Celia sostiene la gorra verdeolivo con un gesto casi imperceptible de la mano derecha, mientras con la otra se aferra al borde del botecito que navega por una crecida del huracán Flora hasta nosotros, al compás de los paletazos firmes del remero.
Hay una imagen recreada por Margarita Yourcenar en uno de sus libros que me gusta mucho. Habla de ciertas tribus nómadas del Amazonas en la que los indios, al marcharse de los lugares donde han sido felices, cargan consigo unos manojos de juncos que utilizan en cestería y cuya virtud principal consiste en exhalar, si el tiempo es de lluvia, el olor que fue suyo meses y años atrás, cuando todavía eran verdes y frescos a la orilla de los arroyuelos.
El nombre que aparece en su carné de identidad es Lucía Lucinda Betancourt Montenegro, pero para “su familia, sus íntimos y El Jefe” ha sido toda la vida “Dinorah, la bordadora”. Tiene 83 años cumplidos, de los cuales lleva más de 50 bordando los grados de Comandante en el uniforme verde olivo de Fidel Castro -“y en la camisa de hilo que él usaba por debajo del uniforme”, aclara.
El Encuentro, escrito por Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez en el año 2005, relata el nacimiento de una amistad y la trama que unió por primera vez al teniente coronel Hugo Chávez Frías y al Comandante en Jefe y líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, el 13 de diciembre de 1994. Al pie de la escalerilla esperaba a Chávez el Presidente Fidel Castro, quien le tributó al revolucionario bolivariano un recibimiento de Jefe de Estado y lo acompañó durante toda la visita en Cuba.
