Corría el mes de junio cuando el Diario de la Marina y otros periódicos burgueses lanzaban una violenta campaña contra la Revolución. En sus textos ofendían y calumniaban a Fidel, todo por haber comenzado a destruir los privilegios, causantes del hambre, la miseria y el dolor de las capas más humildes del país.
El 4 de junio, la prensa cubana publicó los últimos acuerdos tomados por el Consejo de Ministros, entre ellos las leyes para designar a los miembros del Grupo Nacional de Cuba en el Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya; disponer que la Junta de Patronos del Museo José Martí, en la casa natal del Apóstol, quedara integrada por un delegado del Ministerio de Educación, el director del Archivo Nacional y el director del Museo Nacional; crear 19 becas a favor de graduados de universidades latinoamericanas, un organismo autónomo que se denominara Red Oficial de Comunicaciones por Microonda
El primer día de enero de 1959, Cuba amaneció con la noticia de la huida del dictador Fulgencio Batista. Apenas habían transcurrido dos años y trece días desde que Fidel Castro Ruz —con solo siete fusiles— reiniciara la lucha armada en las montañas de la Sierra Maestra. Las decisiones políticas y militares del líder cubano, a lo largo de esos casi veinticinco meses de combate, le habían permitido mantener la unidad de las fuerzas revolucionarias y conformar la aplastante victoria sobre las tropas de la tiranía.
Si decisivos para alcanzar la victoria fueron los planes de defensa, los preparativos y el entrenamiento de los combatientes antes del inicio de la ofensiva, determinantes también resultaron la dirección del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y la actitud de los combatientes durante el rechazo de la ofensiva.
El 25 de mayo de 1958 comenzó por Las Mercedes y terminaría 74 días después, el 6 de agosto, con una rotunda victoria del Ejército Rebelde, que obligó a salir a la tropa enemiga por el mismo poblado por donde la inició.
A finales de mayo de 1958, comenzó en la Sierra Maestra la gran ofensiva militar del ejército de la tiranía contra las tropas guerrilleras. El plan, conocido por las siglas FF —que significaban Fin de Fidel—, era el último intento de la dictadura batistiana para aniquilar al Ejército Rebelde. Con el apoyo de la marina, la aviación, los tanques y la artillería, 10 000 soldados bien armados intentaban avanzar por los caminos de la Sierra. Las montañas se estremecían con el sonido de las armas que el eco multiplicaba.