“Cada cual debe luchar por la paz a su manera, cada cual debe luchar por la paz con lo que pueda y como pueda. Así, la América Latina, al enfrentarse cada vez más a los imperialistas, lucha por la paz. Mientras más pueblos luchando por su libertad, más posibilidades de paz en el mundo, más maniatados estarán los imperialistas, más débiles serán los imperialistas para desencadenar la guerra”.
“Jamás la causa palestina pareció más justa que en el contraste con la brutalidad repulsiva de sus adversarios. La humanidad no olvidará ni el heroísmo de los agredidos ni la barbarie de los agresores. Es dramático que el pueblo hebreo, que suscitó compasión y simpatías universales cuando Hitler amenazó con su exterminio, haya sido conducido por el sionismo a comprometerse en este insano genocidio. Se explica, por ello, que en el propio Israel haya surgido un clamor de paz y el reclamo de castigo para los responsables de aquellas matanzas”.
“Y ante la realidad objetiva e históricamente inexorable de la revolución latinoamericana, ¿cuál es la actitud del imperialismo yanki? Disponerse a librar una guerra colonial con los pueblos de América Latina; crear el aparato de fuerza, los pretextos políticos y los instrumentos seudolegales suscritos con los representantes de las oligarquías reaccionarias para reprimir a sangre y fuego la lucha de los pueblos latinoamericanos”.
“Los pueblos de América se liberaron del coloniaje español a principios del siglo pasado, pero no se liberaron de la explotación. Los terratenientes feudales asumieron la autoridad de los gobernantes españoles, los indios continuaron en penosa servidumbre, el hombre latinoamericano en una u otra forma siguió esclavo y las mínimas esperanzas de los pueblos sucumbieron bajo el poder de las oligarquías y la coyunda del capital extranjero”.
“¿Hasta cuándo vamos a permanecer en el letargo? ¿Hasta cuándo vamos a ser piezas indefensas de un continente a quien su libertador lo concibió como algo más digno, más grande? ¿Hasta cuándo los latinoamericanos vamos a estar viviendo en esta atmósfera mezquina y ridícula? ¿Hasta cuándo vamos a permanecer divididos? ¿Hasta cuándo vamos a ser víctimas de intereses poderosos que se ensañan con cada uno de nuestros pueblos? ¿Cuándo vamos a lanzar la gran consigna de unión?
“Nuestro pueblo será capaz de vencer cualquier obstáculo, cualquier dificultad; que nuestro pueblo será capaz de marchar adelante incontenible, será capaz de vencer sus propias debilidades, será capaz de vencer sus propios defectos, será capaz de vencer sus propios errores. Y un pueblo que es capaz de vencer sus propios defectos, sus propios errores; un pueblo que no teme a nada, un pueblo que no se doblega ante nada ni ante nadie, es y será siempre un pueblo invencible”.
“Aquí se puede hablar de patriotismo, aquí se puede hablar de firmeza, aquí se puede hablar de heroísmo, aquí se puede hablar de valentía, aquí se pueden desafiar todos los riesgos, todos los peligros, aquí se puede hablar de dificultades, como se puede hablar a lo largo y ancho de nuestra patria, sin temor a ninguna de ellas”.
“(...) nosotros podemos decir que Sancti Spíritus ha continuado la marcha de Serafín Sánchez; que el pueblo de Cuba ha continuado la marcha de Serafín, de Maceo, de Martí, de Agramonte y de todos aquellos hombres grandes e ilustres que con orgullo constantemente recordamos, como recordamos también y seguiremos la marcha de aquellos que a lo largo de este siglo lucharon, se sacrificaron, y muchos de los cuales dieron su vida en el cumplimiento del deber de defender la patria y la Revolución”.
“Si las ciudades valen por lo que valen sus hijos, si las ciudades valen por lo que se han sacrificado en bien de la patria, si las ciudades valen por el espíritu y la moral de sus habitantes, por el fervor de sus hijos, por la fe y el entusiasmo con que defienden una idea, Sancti Spíritus no podía ser una ciudad más. Y si las ciudades se admiran y los pueblos se quieren por lo que han tenido de fe en las horas difíciles, es lógico que hacia esta ciudad, como hacia otras, especialmente en nuestra patria, sintamos nosotros especial cariño”.
“La solidaridad de Cuba hacia Puerto Rico viene desde el siglo pasado, desde la época en que éramos dos colonias españolas, las dos últimas colonias en este continente; desde la época en que luchábamos juntos por nuestra independencia; desde la época en que Martí fundó su Partido Revolucionario para luchar por la independencia de Cuba y contribuir a la independencia de Puerto Rico.