“En septiembre de 1960 se crearon los Comités y en 1961 ya estaban creados todos a lo largo del año; en 1961 tuvimos Girón y en 1962 la Crisis de Octubre, hemos tenido unas cuantas cosas, situaciones que se han enfrentado todas con una gran valentía, con un gran heroísmo.
“Confiemos en el porvenir, entreguémonos de lleno a seguir adelante en nuestra tarea, y que cada año, cada mes y cada día sea un incremento más de nuestra disciplina, de nuestra conciencia, de nuestro entusiasmo, de nuestra solidez y de nuestra fuerza, de lo cual en el día de hoy nuestros Comités de Defensa han dado aleccionadora y ejemplar prueba”.
“Si de repente no se contara con los Comités de Defensa de la Revolución, si de repente actuáramos como si no existieran, ¡cuántas tareas hoy fundamentales que esta institución realiza dejarían de realizarse en todos los órdenes, en todos los sentidos!”
“Ya los Comités se han convertido en una tradición en el seno de nuestro pueblo. Y ese es un valor muy importante, porque se va trasmitiendo a las nuevas generaciones la conciencia, la moral, el espíritu de la Revolución”.
“A mí me parece que lo notable de la historia de nuestra Revolución es haber resistido todos esos intentos de destruirla, y, en ese sentido, aquel día en que se fundaron los Comités de Defensa de la Revolución fue un día verdaderamente histórico”.
“Si alguno se preguntara cuál es el misterio de esta Revolución, no podría haber otra respuesta que el hecho de haberse apoyado en las masas, masas organizadas, imprescindibles todas”.
“Hay que mantener a los profesores que hoy están en nuestras aulas, e incrementar su reserva, cuidar celosamente los recursos humanos jóvenes que hemos formado en estos años, enfatizando en su profesionalidad y superación; continuar analizando las necesarias transformaciones a que debe ser sometida la enseñanza técnica profesional y el preuniversitario; perfeccionar el proceso de universalización de la educación superior, y lograr que todas las universidades del país transiten a partir de esta idea hacia esa excelencia académica y revolucionaria que el país demanda de sus estudiantes y prof
“En el transcurso de la Batalla de Ideas se alcanzó un viejo sueño: la universalización de la educación superior, abriendo el acceso a las universidades a todos los jóvenes egresados de los Programas de la Revolución y a los trabajadores en general”.
“No hay duda de que hemos adelantado, y no hay duda de que nuestra universidad hoy es incomparablemente mejor de lo que era en los primeros años de la Revolución y es infinitamente superior a la universidad de antes de la Revolución”.
“El país vivirá, incluso, de sus producciones intelectuales fundamentalmente, como la ciencia empieza a hacer un aporte a la economía de este país, como nuestras capacidades intelectuales harán cada vez un aporte mayor a los recursos materiales de nuestro pueblo”.