“Los que vivimos de cerca aquellos días, y una parte de ustedes los vivieron, podemos recordar qué difícil prueba fue aquella y con qué valentía la afrontó nuestro pueblo, puesto que no recuerdo haber visto a nadie con miedo; es algo verdaderamente increíble no haber visto a un solo ciudadano con miedo, no haber escuchado a un solo ciudadano expresar temor, y estaba el pueblo, cientos de miles de gente movilizada. Sin embargo, también somos testigos de qué enorme amargura produjo aquella solución en que se hacen concesiones prácticamente incondicionales de retirar los proyectiles estratégicos de Cuba”.
“La historia nos juzgará no por lo que hayamos hecho antes, sino por lo que hagamos ahora en estas circunstancias. Nadie tiene que sentir envidia del 68 ni del 95, ni de la época del Moncada, de la Sierra Maestra, de Girón y otros episodios grandes de la historia de nuestro país, porque vivimos en el 68, vivimos en el 95, vivimos en el Moncada, vivimos en la Sierra, vivimos en Girón, vivimos en la Crisis de Octubre y estamos defendiendo ahora lo que en cada uno de esos episodios se defendió con tanta lucha, con tanto sacrificio y con tanta sangre”.
“En septiembre de 1960 se crearon los Comités y en 1961 ya estaban creados todos a lo largo del año; en 1961 tuvimos Girón y en 1962 la Crisis de Octubre, hemos tenido unas cuantas cosas, situaciones que se han enfrentado todas con una gran valentía, con un gran heroísmo. Pero estos tiempos son más difíciles, mucho más difíciles, tenemos que estar conscientes de eso; se requiere un esfuerzo mayor, se requiere una valentía mayor, se requiere un heroísmo mayor, se requiere una inteligencia mayor, se requiere una organización más eficiente, se requiere una moral más alta, se requiere una lucha más tenaz, precisamente para preservar la patria, la Revolución y las conquistas del socialismo”.
“(…) un pueblo que recuerda a aquellos mambises del 68 y del 95; un pueblo que ha resistido con una dignidad y una valentía sin paralelo en la historia la potencia imperialista más poderosa de la Tierra; un pueblo que no tembló en Girón, ni vaciló en combatir y aplastar a los enemigos; un pueblo que no tembló en la Crisis de Octubre, ese pueblo no podrá ser jamás vencido”.
“Nuestra lucha hoy es todavía más meritoria, si se quiere, porque luchamos solos. Antes, hubo un tiempo en que estábamos solos, pero creíamos que estábamos acompañados; algunas lecciones, como la Crisis de Octubre y otras, nos enseñaron. La retirada acelerada, a todo lo que daban las máquinas, de esa brigadita que se quedó por ahí... Hace mucho tiempo nosotros sabíamos que éramos los cubanos y solamente los cubanos los que teníamos que defender el país y los que podíamos defender el país, y usando las tácticas correctas para defender el país, que no es el jueguito a la guerra de Clausewitz, sino la guerra de todo el pueblo, esa es la verdad. Así hicimos la Revolución, así la hemos defendido y así podemos seguirla defendiendo. No hay comparación.”
“¿Qué íbamos a hacer nosotros, doblegarnos, rendirnos? Y eso es lo que pedían de Cuba, la rendición incondicional; la entrega total de la nación y del pueblo a los enemigos de la nación y del pueblo; la renuncia de todas nuestras conquistas, la renuncia de nuestras ideas y de nuestros ideales; había que plegar todas las banderas. Eso pretendían imponernos, subestimando, tal vez despreciando, nuestra capacidad de luchar. No podíamos rendirnos, no podíamos claudicar, no habría sido digno de la historia de este país, no habría sido digno de lo que hicieron nuestros antepasados en 1868, en 1895; no habría sido digno de Céspedes, de Agramonte; no habría sido digno de Máximo Gómez, de Maceo; no habría sido digno de ese hombre tan digno que fue José Martí; no habría sido digno de las decenas de miles de cubanos que murieron en nuestras luchas por la independencia; no habría sido digno de las generaciones que lucharon en la república mediatizada; no habría sido digno de Mella, de Guiteras; no habría sido digno de aquellos hombres que, como Jesús Menéndez y otros muchos, cayeron enarbolando las banderas y los derechos e intereses de los trabajadores; no habría sido digno de los que murieron en el Moncada y en Bayamo, o en el ataque al Palacio Presidencial; no habría sido digno de José Antonio Echeverría, de Frank País; no habría sido digno de los combatientes que dieron su vida en el desembarco del "Granma", en la lucha de la Sierra Maestra; no habría sido digno de los que dieron su vida luchando contra las acciones de los contrarrevolucionarios al servicio del imperialismo; no habría sido digno tampoco de los que lucharon y murieron en la clandestinidad; no habría sido digno de los que murieron en Girón o en el Escambray; no habría sido digno de los que cayeron cumpliendo honrosas y sagradas misiones internacionalistas; no habría sido digno del Che; no habría sido digno de su hermano de invasión y de proezas, que fue Camilo; no habría sido digno de un pueblo que cuando lo apuntaban por decenas las armas nucleares no vaciló un solo segundo en correr los riesgos y en mantenerse firme; no habría sido digno de aquel pueblo de la Crisis de Octubre”.
“Una nueva era de lucha estaba comenzando. El imperio, mucho más poderoso, había devenido superpotencia única; pero nuestro pueblo, recién salido de la neocolonia, saturado de mentiras y propaganda macartista, poco instruido y casi analfabeto políticamente, había dado un colosal salto en la historia: había erradicado el analfabetismo y graduado cientos de miles de profesionales universitarios que poseían una cultura política muy superior a la de su adversario histórico; un pueblo que alcanza ya el más alto grado de unidad que había tenido jamás, que acumula gran experiencia política y colosal fuerza moral, patriótica e internacionalista; un pueblo que había soportado inconmovible la invasión de Girón, la Crisis de Octubre, la guerra sucia, un bloqueo económico cada vez más riguroso, la desaparición de la URSS y del campo socialista, los pronósticos de una imposible supervivencia y un derrumbe seguro”.
“No olvidaré jamás los días de la Crisis de Octubre cuando corríamos riesgos de ser exterminados, y podíamos serlo, porque nuestra dignidad no admitía el concepto de rendición, no admitía el concepto de vida sin honor, no admitíamos la simple condición de animales; porque es precisamente el pensamiento, la conciencia, la inteligencia, los valores, las virtudes, la generosidad lo que distingue al hombre del animal. Ningún animal muere por otro. Entre las especies vivientes, el único capaz de morir por otro es el ser humano, ese ser que puede ser capaz de cosas incorrectas, de cosas muy malas, y será conforme a la educación que reciba.”
“No era suficiente para Bush haber ultrajado el nombre de Cuba instalando en el territorio ilegalmente ocupado de Guantánamo un horrible centro de tortura similar al de Abu Ghraib, que al ser conocido causó espanto en el mundo. La cruel acción de sus antecesores no le parecía suficiente. No le bastaban los 100 mil millones de dólares que obligaron a gastar a un país pobre y subdesarrollado como Cuba. Acusar a Posada Carriles era acusarse a sí mismo."
[...]
"No bastaba la invasión mercenaria de Girón.[...]"
"No bastaba la Crisis de Octubre de 1962, que llevó al mundo al borde límite de una guerra termonuclear total, cuando ya existían bombas 50 veces más poderosas que las que estallaron sobre Hiroshima y Nagasaki."
"No bastaba la introducción en nuestro país de virus, bacterias y hongos contra plantaciones y rebaños, e incluso, aunque parezca increíble, contra seres humanos. De laboratorios norteamericanos salieron algunos de estos patógenos para ser trasladados a Cuba por terroristas bien conocidos al servicio del gobierno de Estados Unidos."
"[...] la enorme injusticia de mantener en prisión a cinco heroicos patriotas que, por suministrar información sobre las actividades terroristas, fueron condenados de forma fraudulenta a sanciones que alcanzan hasta dos cadenas perpetuas, y soportan estoicamente, cada uno de ellos en cárceles diferentes, crueles maltratos.”
“No nos habríamos negado después de la Crisis de Octubre a conversar con Kennedy, ni habríamos dejado de ser revolucionarios y radicales en nuestra lucha por el socialismo. Cuba no habría roto nunca sus relaciones con la URSS, como se nos exigía. Tal vez una verdadera conciencia de los gobernantes norteamericanos sobre lo que significa una contienda bélica con armas de exterminio masivo habría puesto fin antes y de otra forma a la guerra fría. Al menos podíamos pensar así entonces, cuando no se hablaba del calentamiento del planeta, los desequilibrios rotos, el colosal gasto de hidrocarburos y las sofisticadas armas que la tecnología ha creado, como ya les dije a los jóvenes cubanos. Habríamos dispuesto de mucho más tiempo para alcanzar a través de la ciencia y la conciencia lo que hoy estamos obligados a realizar con toda premura.”