“Cualquier elección que tenga lugar en Nicaragua, por muchos recursos que se le brinde a las bandas reaccionarias, la ganan los sandinistas por amplísima mayoría. Cualquier tipo de elección, bajo cualquier forma constitucional donde el ciudadano pueda votar y vote, ganan los sandinistas”.
“(…) la elección de un ministro aquí no lo decide ninguno de nosotros unipersonalmente; se discute allí en el Buró Político; o la elección de un embajador. No se vayan a creer que aquí nadie elige a un embajador, que el Ministro de Relaciones Exteriores elige a un amigo para embajador, ni un viceministro; eso se discute en el Secretariado del Partido. Y así en todos los niveles. ¡Nadie puede siguiera señalar a un individuo, a un amigo, para ponerlo en un cargo! Y existe una dirección colectiva; yo creo que eso es mucho más democrático, mil veces más democrático que el sistema que otorga esos poderes imperiales.”
“(…) algunos (…) países latinoamericanos, las campañas electorales pueden costar hasta 100 millones de dólares, o 200, sin ir muy lejos. La imagen se hace: cómo tiene que peinarse, si se hace un moñito, la corbata, de qué color el traje, la sonrisa tiene que ensayarla, como en el teatro, cincuenta veces, el gesto enérgico, la frase, el dicho, la idea, y hasta estudian qué piensa la gente —pero jamás tratan de influir en el pensamiento de la gente—, qué piensa la gente, para decir lo que le guste a la gente, para ver cómo le dan el voto ese día, y después que se lo dan se acabó todo(...)”
“Las elecciones, relativas. En Estados Unidos consisten en escoger muchas veces al menos malo de los dos, evitar elegir al peor (…). Es relativo todo. De dos grandes partidos —ustedes saben cómo son todas esas campañas: montones de millones, televisión y propaganda—, el que tiene dinero es electo”.
"El sistema electoral establecido por la Revolución Cubana ¡es único! No tenemos que ir a ninguna otra parte a aprender nada, más bien podríamos decir: vengan aquí a aprender cómo se puede hacer un sistema electoral democrático."
"En el capitalismo las elecciones se convierten en verdaderos concursos. Las campañas políticas cuestan millones y millones de dólares. Existen hasta técnicas desarrolladas de cómo inculcar las decisiones del individuo; las desarrollaron los monopolios capitalistas que aprendieron a hacerles propaganda al tabaco, al cigarro, a la bebida, a los refrescos, a todas las cosas, y es la misma técnica que usan, incluso, en las campañas electorales: movilizan grandes cantidades de dinero para tratar de lograr influir en la voluntad, en la decisión de los electores".
“(…) trabajemos por nuestro sistema, apliquemos consecuentemente nuestros principios y aprendamos a ser jueces de nosotros mismos, sin temor a pedirles opinión también a los demás, a escuchar opiniones críticas, criterios, todo lo que se quiera, y discutir todo lo que se quiera; pero debemos tener confianza en nosotros mismos”.
"En ningún lugar del mundo —lo digo con absoluta convicción y objetividad— el pueblo tiene la participación que tiene el pueblo cubano en el proceso electoral; como en ningún lugar del mundo es más democrático ese proceso, como en ningún lugar del mundo se han respetado más los derechos humanos, pese a todas las infames calumnias pagadas por el imperio".
“¡Al pie del cañón hasta el último minuto, hasta el último segundo! Ese tiene que ser nuestro método, ese tiene que ser nuestro estilo para obtener no una simple victoria, sino una victoria enérgica y contundente, ¡un sí por Cuba, por la patria y por la Revolución que resuene en todos los rincones del mundo!”
“Necesitamos fuerza, unidad, enviar ese mensaje que estaríamos enviando al imperialismo, a los enemigos. Si nos mostramos débiles, si nos mostramos divididos, ellos multiplicarían sus esfuerzos por liquidarnos, y tenemos que hacerles ver que no podrán liquidarnos o tendrán que liquidarnos físicamente si quieren liquidar la justicia que ha traído la Revolución a nuestra patria”.
“Había que conciliar el concepto de un Partido único con esta idea de que el pueblo postula y el pueblo elige; había que conciliarlo con la práctica, porque lo que se conocía en el mundo cuando no existía un solo partido era una multiplicidad de partidos, y eran los únicos procedimientos conocidos para llevar a cabo las elecciones. De modo que nosotros teníamos que crear algo nuevo, algo más justo, algo más equitativo, algo más democrático, algo más puro, porque la preocupación fundamental era preservar la pureza de nuestro proceso electoral y que no se introdujeran en el mismo la politiquería y la corrupción.
Si nosotros nos hubiéramos equivocado en la elaboración de los métodos para llevar a cabo este proceso electoral, habríamos podido caer en grandes problemas y habríamos podido realmente corromper, como están corrompidas en todo el mundo prácticamente, la política y la democracia. Ahora este concepto de democracia está penetrando mucho más en nuestra conciencia y en nuestra sangre, y se pueden apreciar las diferencias abismales entre nuestro sistema y el sistema que se aplica en otros países”.
“Nosotros tenemos muy sólidas razones para fundamentar la idea del voto unido como una estrategia revolucionaria, como una estrategia política, como algo muy moral, como algo muy justo, como algo muy legal. Es el derecho que tenemos los revolucionarios a exigirnos, a pedirnos; el derecho que tenemos los patriotas a exigirnos, a pedirnos algo, pero por una razón profunda, y debemos hacerlo así, y nos sentiríamos más felices de que lo hiciéramos así: que nadie lo hiciera como un acto de disciplina, sino que todo el que lo haga, lo haga como un acto de conciencia; que todo el que lo haga, no lo haga como quien cumple con una consigna, sino como quien cumple con una estrategia revolucionaria, y el porqué de esa estrategia, el porqué de esa conciencia”.