“La juventud de Cuba, hoy día, ha desempeñado un papel de extraordinaria importancia, está jugando un rol, como posiblemente no lo haya hecho ninguna otra juventud, en la educación y en la defensa del país. Hay que también situarse a la vanguardia de la Revolución en el estudio, en el estudio de las enseñanzas técnicas, en la cultura general, en la cultura política; hay que situarse también en el esfuerzo por la producción”.
"Una revolución educa, una revolución combate la ignorancia y la incultura, porque en la ignorancia y en la incultura están los pilares sobre los que se sostiene todo el edificio de la mentira, todo el edificio de la miseria, todo el edificio de la explotación."
“La Revolución tiene que ocuparse de la educación física y del deporte como una cuestión fundamental para el país”.
“La Revolución tiene que ocuparse de la educación física y del deporte como una cuestión fundamental para el país” (…) “Sin revolución no se habría podido soñar siquiera con empezar a desarrollar en nuestra patria un gran movimiento deportivo”.
"Nosotros tenemos que mantener una cosa para el futuro; que ese incentivo revolucionario, ese afán de luchar, de crear, de hacer, se mantenga y no se duerma nunca, y no tiene por qué dormirse; porque en las revoluciones anteriores a la revolución socialista, lo que mataba al cabo de algunos años el impulso inicial de las revoluciones era, sencillamente, el régimen de explotación de unas clases por otras, y entonces la explotación traía como consecuencia que mataba el entusiasmo, mataba el ánimo, lo mataba todo."
“Porque la Revolución es obra de las masas. La Revolución tiene que ser la obra de las masas; la Revolución tiene que aprovechar el caudal de energía de millones de personas, el caudal de inteligencia de millones de personas”.
"¿Por qué tiene tanta importancia que aprenda el pueblo? En primer lugar, desde luego que todo eso fortalece a la Revolución, hace revolucionarios conscientes. Un revolucionario consciente de lo que está haciendo será más útil en todos los órdenes que un revolucionario que tenga mucho entusiasmo, mucha buena fe, pero que no comprenda. Lógicamente, en dondequiera que se encuentre ese revolucionario consciente, en cualquier tarea política, administrativa, económica, militar, será incomparablemente superior a aquel que puede tener el entusiasmo pero no puede tener la comprensión y el conocimiento de los problemas".
"A veces podemos creernos muy revolucionarios, pero todavía nos faltan muchas cosas que aprender de la Revolución. Y es la gran verdad que mientras más estudiamos, más penetramos en el fondo de los problemas, más comprendemos la historia y todo lo que ha sido la historia de abusos, injusticias y explotación (...) La comprensión de todas esas cosas, el vivir todas esas cosas, tienen que hacernos a todos, y a cada uno de nosotros, más revolucionarios cada día. ¡Yo digo que hoy soy más revolucionario que ayer, y estoy seguro de que mañana seré todavía más revolucionario que hoy!"
"¿Qué nos hace ser más revolucionarios? ¿Qué nos hace sentirnos más revolucionarios? ¿Qué nos hace sentir más apasionadamente la Revolución? Sencillamente el conocimiento, cada vez más a fondo, de la Revolución; el conocimiento, cada vez más a fondo, de los problemas revolucionarios; el conocimiento, cada vez más a fondo, de la teoría revolucionaria; el conocimiento, cada vez más a fondo, de la doctrina revolucionaria."
"Y para que en la historia de la humanidad conste definitivamente que sí, que a 90 millas del monstruo imperialista, a 90 millas de la metrópoli imperial, por mucho que les duela, por mucho que les desagrade, a 90 millas se realizó la primera Revolución Socialista del continente americano. La primera Revolución Socialista, que no podrán aplastar, que no podrán vencer, que no podrán doblegar, que no podrán rendir”.
“¡Ni el imperialismo nos ha perdonado la vida, ni nosotros le imploramos al imperialismo que nos la perdone! ¡La Revolución Cubana se hizo a pesar del imperialismo, y la Revolución Cubana seguirá adelante a pesar del imperialismo!”
"Hemos ganado una gran batalla, y hay que llamarlo así: batalla, porque la victoria contra el analfabetismo en nuestro país se ha logrado mediante una gran batalla, con todas las reglas de una gran batalla. Batalla que comenzaron los maestros, que prosiguieron los alfabetizadores populares, y que cobró extraordinario y decisivo impulso cuando nuestras masas juveniles, integradas en el ejército de alfabetización "Conrado Benítez", se incorporaron a esa lucha".