«Fidel es hoy necesario y vital. Su palabra certera, sus denuncias contra los horrores del imperialismo, su preocupación por el planeta y su solidaridad con los humildes de la tierra, son banderas que no caerán jamás de nuestras manos».
 

A la misma universidad donde se hizo revolucionario volvió Fidel este sábado, y allí estuvo con los jóvenes en quienes siempre creyó. En ellos, dos años después, que de pronto serán décadas, siglos..., continúa naciendo...multiplicándose.

«Entre los inconmensurables ejemplos que Fidel dejó como herencia a los revolucionarios de América Latina y el Caribe, destacan dos que han sido determinantes en las luchas de nuestros pueblos, partidos y movimientos. Estos son la unidad y el internacionalismo consecuente».

«La construcción de la unidad es la tarea más importante que enfrenta toda revolución verdadera», sentenció el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, al intervenir, este domingo, en la XIV Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP).
 

Bastaría con encontrar las palabras precisas, las exactas; aquellas que logren describir, sin recortes subjetivos o excesos, todo el amor y el dolor de un pueblo. Porque los cubanos fuimos a la Plaza por amor a Fidel. Y también por dolor.
 
La Plaza, este lunes, era una fila larga, interminable, sinuosa. Y lo eran tres salas del Memorial José Martí. Era un Fidel vestido de guerrilla, con mochila de campaña y botas para desandar el tiempo. Y era algo más: una mirada posada en el horizonte, que bien podría ser posada en el futuro.
 

Sin recortes a la igualdad. Sin resquicios discriminatorios. Plena en su incorporación a cuanto quehacer le demande la vida, ya sea en el trabajo, en el hogar, en los escenarios políticos, en la sociedad toda. Digna y preparada, labrando sin titubeos su empoderamiento, aún limitado.
 

Kanimambo significa “muchas gracias, muy agradecido”, Por eso Marcelino Dos Santos no repare en la traducción del mensaje que le envía a Fidel Castro: “Kani­mam­bo Comandante”

Si la vida del pueblo mozambiqueño no hubiese estado lo suficientemente ligada a Cuba, si sus héroes y los nuestros no hubiesen compartido ideales y causas, si los líderes de aquí y de allá no se hubiesen profesado amistad sincera, si la solidaridad caribeña no hubiese hecho escala perpetua en esa tierra africana, quizá sorprendería que en sus entrañas florezca una comunidad llamada Fidel.
 

En el Hospital Central de Harare, siete profesionales cubanos de la salud escriben a diario nuevas historias de solidaridad en el continente africano, y superan barreras idiomáticas y de cultura para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.