En 1952, tras el golpe de Estado de Fulgencio Batista, la vanguardia de la juventud cubana comprendió la necesidad del cambio por la vía revolucionaria. Para ello, de igual forma, comprendió la necesidad de tener un sostén ideológico que iniciase el combate a pensamiento, y abrirle paso a la acción. Hace setenta años, pues, nacían Son los Mismos y El Acusador, encabezados por los jóvenes del Centenario, por los futuros moncadistas.
 

Nadie agradecería más que yo una biografía de Ramón Emilio Mejías del Castillo, no importa cuán modesta sea. Vale la pena que hombres como él, Jiménez Moya, y otros heroicos combatientes, sean conocidos por dominicanos y cubanos.1  
 

Es de noche ya el 2 de junio de 1956. María Antonia González se acuesta tranquila: estaba listo el pastel para Raúl, con sus 25 velitas. En el apartamento de Emparan 49-C, en el Distrito Federal, México, querían celebrarle el cumpleaños. Fidel ha pedido a María Antonia que lo espere para la celebración, pues él tiene que salir a hacer gestiones. De esa forma, en la tarde del 3 de junio, se reúnen en el histórico apartamento compañeros de lucha y conocidos para festejar.
 

Milton Díaz Cánter, “Machete” para quienes le queremos, es la primera persona que me viene a la mente cuando veo los spots que recuerdan los 45 años de la Operación Carlota.  Machetón es de esos tipos especiales, inteligentes, perseverantes, fidelísimos y francos. Siempre que va a hablar, hay que escucharlo.
 

Este 28 de mayo se cumplieron 60 años del Combate de Uvero, un momento de trascendencia en el desarrollo del Ejército Rebelde en el que, a decir del Che, la guerrilla ganó su mayoría de edad.
 
Allí, Celia Sánchez Manduley se convirtió en la primera mujer que participaba en una acción armada con la tropa de Fidel.
 
Sin embargo, más allá de comentar el hecho, resulta interesante detenernos en algo que sucedió poco después y que constituyó para todos los guerrilleros una de las tantas lecciones que aprenderían de su Jefe.

La Habana, 8 de enero de 1959. Antonio era apenas un adolescente cuando la caravana de los barbudos le cambió la vida. Y no solo por haber visto al Gigante de verde olivo que toda Cuba aclamaba. No solo porque ese Gigante le haya mirado y él también le haya puesto la vista fija. No solo porque su mamá lo abrazase y en medio del llanto le dijese que estaban salvados. Miró los periódicos que tenía en su mano, los apretó fuerte y los soltó.

Y el 14 de enero de 1962 en el estadio Latinoamericano, ante más de 20 mil aficionados, comenzó el clásico cubano que 54 años después -con muchas satisfacciones y deudas- sigue generando pasiones entre los cubanos.
 
Allí estuvo Fidel, inaugurando el torneo nacional amateur que nacía y que reunía a glorias que apostaron por él. Allí Eddy Martin, el entrañable maestro de narradores y periodistas cubanos, testigo excepcional del momento.