En la Cuba del verano de 1994 el panorama económico tras el impacto de la desaparición del comercio con la URSS, que había arrasado con más de un 70 % de los ingresos en divisas del país, no podía ser peor: los cortes de electricidad se prolongaban más de 12 horas, una menguada alimentación convirtió una letanía de la telenovela de turno –«niña, saluda a tu novio»– en sinónimo de arroz con frijoles, el plato con más frecuencia disponible, junto a inventos criollos como el picadillo de soya y la pasta de oca, mientras el acceso a las pocas cafeterías que vendían hamburguesas se distribuía po