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“Todos los años tendremos el deber de recordar la gran victoria del 5 de agosto de 1994 en que el pueblo aplastó la contrarrevolución sin disparar un tiro, porque dice mucho esta fecha, enseña mucho y alienta mucho.” (Fidel Castro 5 de agosto de 1995)
Voy a rememorar un pasaje muy bien instigado y trabajado por la contrarrevolución y la entonces Oficina de Intereses del Gobierno de los Estados Unidos en La Habana, ocurrido el 5 de agosto de 1994 en áreas del Malecón habanero y sitios aledaños.
Si algo debe conocer bien –y por experiencia personal– el secretario general de la OEA, Luis Almagro, es que tanto él como la institución que dirige no tienen nada que buscar en Cuba, y mucho menos creer que se le van a aceptar exigencias, ni inspectores, ni golpes de Estado como el que organizaron contra Evo Morales, en Bolivia.
No insistan en sus conspiraciones disfrazadas de «comisiones», que Cuba ni necesita ni permite inspecciones foráneas con guiones preparados en el Departamento de Estado y en la CIA estadounidenses.
Al mausoleo erigido allí, al pie del lomerío de Mícara, acude con frecuencia Cuba a recordar la gesta que en aquel lugar contribuyó a fraguar la victoria de la Revolución, y donde hay una reverencia permanente a los héroes y mártires que le ofrendaron la vida
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El fusil iba delante con la cámara detrás, en la trinchera escuchaba las balas para identificar la dirección del combate y entre tiros hacía las fotos, recuerda hoy Juan Manuel Muñoa, corresponsal de guerra en Angola.
La noticia más importante del miércoles 14 de septiembre de 1960 fue aclamada por el pueblo cubano: Fidel viajará a Nueva York y hablará en la Asamblea General de la ONU. Sería la primera vez que lo haría. De boca en boca corría: “Fidel va a la ONU”.
A las 11:18 de la mañana del domingo 18 partió hacia Nueva York el jefe de la Revolución, quien presidió la delegación cubana en el XV periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU.
Pocas veces en la historia un documento escrito seis décadas antes mantiene vigencia en sus principios, como ocurre con la Primera Declaración de La Habana, aprobada con entusiasmo viril por más de un millón de cubanos reunidos en la Plaza de la Revolución el 2 de septiembre de 1960.
Discurso pronunciado por Fidel Castro en la Magna Asamblea Popular celebrada por el pueblo de cuba en la Plaza de la República, el 2 de septiembre de 1960.
Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz en el Acto de Graduación de los Maestros Voluntarios a su regreso de la Sierra Maestra, celebrado en el Teatro Auditorium, La Habana, el 29 de agosto de 1960.
Compañeros maestros:
Hoy seguramente que es un día de mucha alegría para ustedes. También lo es para nosotros, y lo es de esperanza para un número incalculable de niños que, posiblemente, estén también atentos a este acto de hoy. Esa alegría es el resultado del esfuerzo; es como un fruto que se recoge.
Si quieren los pueblos saber de dónde les vienen los principios y valores que los hacen excepcionales, deben saber que si buscan en su historia, encontrarán allí la mayoría de las respuestas. Esa verdad insoslayable determina en gran medida la manera en que se edifican el presente y el futuro de una nación, porque todos los propósitos colectivos que se defiendan hoy tienen, de manera indiscutible, raíces en el pasado.
Sobre los sucesos del 26 de Julio, se suelen dominar las esencias de un hecho que forma parte indisoluble de los cubanos, una fecha de júbilo, un festejo que, en la niñez de mi generación, se esperaba cada verano (aún se sigue esperando con idéntico entusiasmo), y que nos situaba frente al televisor, mientras las emotivas palabras de Fidel se mezclaban con la celebración, que nunca dejó de organizarse en las casas del barrio.
Era el preludio de un parto heroico lo que anunciaba aquella mañana de la Santa Ana; una fuerza natural, movida por sentimientos de amor y patriotismo, convencida del camino a seguir, cimentada en un pasado de lucha revolucionaria que se había sembrado en las almas y el pensamiento de unos impetuosos jóvenes que estaban dispuestos a morir en nombre de la libertad.
En clara alusión a la frase de Fidel, se presentó este martes el libro Llegamos, triunfamos y seguimos, volumen que la Oficina del Historiador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (far) y la Casa Editorial Verde Olivo ponen a disposición de los lectores.
Estructurada en seis capítulos, la obra es una compilación, en orden cronológico de hechos, que va desde el surgimiento del Ejército Rebelde y la guerra de liberación nacional hasta el año 2015.