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En siete días se conmemorarán 67 años del inicio de una lucha. “No era el fin, sino el comienzo” dijera Fidel Castro alguna vez. El 26 de julio es y será una de las más importantes páginas de la historia cubana. Bajo la dirección de Fidel, el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, removió los cimientos de la dictadura de Batista.
Soy una superviviente de aquellas intensas jornadas de debate en la Biblioteca Nacional clausuradas por el discurso de Fidel conocido luego con el nombre de Palabras a los intelectuales. Los participantes respondían a un variado perfil. La mayoría estaba conformada por escritores y artistas. Había también historiadores y arquitectos, en correspondencia con una concepción amplia de la cultura. Era junio de 1961, transcurridos apenas dos meses desde la victoria de Girón. Faltaba poco para la celebración del congreso que daría lugar al nacimiento de la Uneac.
El año 1961 produjo un violento giro de inflexión en la vida cultural cubana. A partir de Palabras a los intelectuales, pronunciadas por Fidel el 30 de junio de 1961 en la Biblioteca Nacional, las cosas tomaron un rumbo diferente, o más bien, se definieron posiciones ideológicas que se cocían en varios ambientes de intelectuales y artistas.
Las acciones llevadas a cabo el 26 julio de 1953 por los jóvenes de la Generación del Centenario, encabezados por Fidel Castro, y posteriormente el encarcelamiento, así como la salida de ellos del presidio de la entonces Isla de Pinos, terminarían de dar por creado el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el 12 de junio de 1955.
Desde los primeros días de aquel enero triunfante de 1959, un grupo de congresistas norteamericanos -que se oponían sin derecho alguno al enjuiciamiento de los criminales de guerra batistianos-, solicitaron al Departamento de Estado de su país que interviniera en el asunto. Había comenzado la virulencia yanqui contra la Revolución Cubana.
Es imposible hablar de Fidel, como tampoco de Martí, sin establecer un obligado parangón entre ambos, tanto por sus ideales como por los sacrificios a los que se sometieron, en la búsqueda y construcción de un mundo mejor, de una sociedad cada vez más libre.
Un acendrado concepto de la justicia y el más cabal sentido de la lucha revolucionaria, constituyen para ambos los ejes de la transformación y el mejoramiento de la sociedad, vincularon en su juventud a Fidel con Martí, hasta convertirlo en su más avanzado discípulo.
Cuando el pasado 29 de marzo Tirándole abordó a uno de los mejores lanzadores de la pelota cubana, José Antonio Huelga, en el recuerdo de su compañero del campo corto, Rodolfo Puente, quedamos en deuda. Entonces, citamos el dato que nos aportaba Sergio Manuel Rodríguez Aguilar, de que al Héroe de Cartagena solo le pegaron nueve jonrones en 881 entradas y un tercio de actuación en series nacionales, pero él no sabía los nombres de aquellos que tuvieron el privilegio de sacarle la bola del parque.
Matanzas.–El 17 de abril de 1961 fue el último día que Nemesia Rodríguez Montano vio con vida a su madre, una de las primeras víctimas de la invasión mercenaria; «cenaguera humilde, de buen corazón, incapaz de matar una mosca», rememora.
Tras el zarpazo de los mercenarios en las primeras horas de aquel 17 de abril, por las arenas de Playa Girón, la familia de Nemesia, como otras muchas residentes en la sureña región, fue conminada a evacuarse hacia Jagüey Grande, el pueblo más cercano a la zona de desembarco, para proteger, sobre todo, a los niños.
En horas de la noche del primer día del nuevo año 1960, las Brigadas Estudiantiles Universitarias, como lo había prometido Fidel, viajan en tren hacia Oriente para recibir instrucción militar en la Sierra Maestra. La llegada de Fidel a la terminal fue recibida con una enorme ovación
En la exposición Fidel entre nosotros se incluyen carteles, fotografías y libros
Hace 61 años, la Caravana de la Libertad, procedente de Matanzas, llegó al Cotorro después de las 2:00 p.m. Fidel llegó en un yipi de la Columna 17 con Augusto Martínez Sánchez, Celia, Delmidio Escalona, Juan Manuel Castiñeiras y gente de la escolta. Recordemos hoy aquellas horas en las voces de la escolta, periodistas, Almeida y el propio Fidel Castro.
Alberto León (Leoncito), escolta de la Caravana, cuenta aquella tarde:
Cuando Fidel y su aguerrida tropa de barbudos, curtidos en la guerra contra las huestes de la dictadura, irrumpieron en los predios de Columbia el 8 de enero de 1959, culminaba una ardua etapa de la gesta de liberación nacional y comenzaba un esperanzador e inédito capítulo de la historia patria.