En un placer cualquiera en medio de una barriada habanera a inicios de la década del 60 del siglo pasado, un niño de torso desnudo, bate al hombro, corre tras una pelota deshilachada.      Al fondo, entre la bruma del sol y el polvo, una silueta con gorra verde olivo observa, inmóvil. No es un fantasma ni una aparición: es Fidel. Lo había visto todo y estaba convencido que el deporte era sagrado.  
Ni los peores planes rindieron el ejemplo de un líder y la valentía popular   Autor: Jorge Ernesto Angulo Leiva   Los enemigos de la Revolución pretendían construir el relato de protestas espontáneas reprimidas por un gobierno tiránico. Foto: Archivo de Granma
Es imposible concebir un programa docente, una conferencia, una clase que no contenga o beba de sus conocimientos y de sus aportes   No debe haber una sola actividad, labor, arista o esfera asociada a la agricultura en la que no esté el sello, la sabiduría de Fidel.  
«Son muchos los recuerdos que nos dejó, imborrables, y por eso digo que es uno de los hombres más nobles, más extraordinarios y más desinteresados que he conocido, lo cual no tendría importancia si uno no cree que hombres como él existen por millones, millones y millones en las masas. Los hombres que se destacan de manera singular no podrían hacer nada si muchos millones, iguales que él, no tuvieran el embrión o no tuvieran la capacidad de adquirir esas cualidades.
La causa del pueblo palestino encontró en Fidel un aliado, que denunció la injusticia en los más altos niveles internacionales   La causa palestina fue una causa de Fidel. Y a ella dedicó, desde el principio mismo de la Revolución triunfante, esfuerzos y solidaridad, que expresó en Cuba, en foros internacionales, y al más alto nivel en el que nuestro país levantó su voz.  
Hace 31 años surgió el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) en iniciativa que constituyó un respaldo al legado en la materia del Comandante en Jefe Fidel Castro, la institucionalizó y sentó las bases para el desarrollo de un organismo transversal de la economía nacional de Cuba.  
Es imposible concebir un programa docente, una conferencia, una clase que no contenga o beba de sus conocimientos y de sus aportes   No debe haber una sola actividad, labor, arista o esfera asociada a la agricultura en la que no esté el sello, la sabiduría de Fidel.  
La cultura, en su más amplio concepto, fue una permanente obsesión para Fidel, un convencido del papel crucial que esta tenía en la transformación de una sociedad que se estrenaba en Revolución. Sin ella, dijo, «no hay libertad posible».   Consciente del sustento espiritual que la cultura proporciona, y de las fortalezas que entraña para un pueblo tocarla con la mano, Fidel la tendría entre las primerísimas prioridades del Gobierno Revolucionario, que debía sembrar los ideales que los nuevos tiempos estaban exigiendo.  
La causa del pueblo palestino encontró en Fidel un aliado, que denunció la injusticia en los más altos niveles internacionales   La causa palestina fue una causa de Fidel. Y a ella dedicó, desde el principio mismo de la Revolución triunfante, esfuerzos y solidaridad, que expresó en Cuba, en foros internacionales, y al más alto nivel en el que nuestro país levantó su voz.  
El Polo Científico del Oeste de La Habana tiene en el Grupo Empresarial BioCubaFarma a su más digno heredero   Dotado de una impresionante capacidad para mirar el mañana como algo inmediato, y con una confianza ilimitada en las posibilidades del ser humano de convertir en realidad el más utópico sueño, Fidel apostó por desarrollar la industria biotecnológica en Cuba, cuando solo contadas naciones altamente industrializadas incursionaban en esa promisoria rama del conocimiento.    
Este 13 de agosto cumpliría 99 años Fidel, quien optó en los 90 que vivió por asaltar el cielo, retando enormes obstáculos, dogmas y dificultades acumuladas ante las grandes necesidades históricas de transformación revolucionaria de su patria, que durante decenios resultaron solo sueños incumplidos para generaciones enteras de cubanos.  
La cultura, en su más amplio concepto, fue una permanente obsesión para Fidel, un convencido del papel crucial que esta tenía en la transformación de una sociedad que se estrenaba en Revolución. Sin ella, dijo, «no hay libertad posible».   Consciente del sustento espiritual que la cultura proporciona, y de las fortalezas que entraña para un pueblo tocarla con la mano, Fidel la tendría entre las primerísimas prioridades del Gobierno Revolucionario, que debía sembrar los ideales que los nuevos tiempos estaban exigiendo.