Cuando el 23 de julio de 2020 Harry Belafonte tuvo en sus manos la medalla de la Amistad, otorgada por el Estado cubano, seguramente editó en su memoria, como en las buenas películas, secuencias inolvidables de los tantísimos momentos de su vida en que compartió suerte, convicciones y destino con los habitantes del archipiélago.
Ese día, el entonces embajador de La Habana en Washington, José R. Cabañas, expresó: «Esta distinción constituye un reconocimiento a su trayectoria de solidaridad con Cuba y su respeto y admiración por el proceso revolucionario cubano».
Apenas unas horas después de sentirse estremecido por la noticia del deceso del líder histórico de la Revolución, Armando Hart publicó un artículo titulado Fidel, paradigma y leyenda por siempre. Aunque dictado por la urgencia y asaeteado por las circunstancias, el político e intelectual había madurado largamente sus reflexiones.
A las puertas de la sesión conmemorativa del vigésimo aniversario de la adopción de la Declaración y el Programa de Durban contra el Racismo y la Discriminación Racial, que reunirá a líderes de la comunidad internacional el próximo 22 de septiembre en la sede de las Naciones Unidas, sería muy conveniente volver a las palabras pronunciadas por Fidel en la ciudad sudafricana.
Nadie, salvo algún que otro minado por los virus de la envidia y la mediocridad, pone en duda la estatura poética ni el calado de la narrativa (La tregua, Montevideanos y Gracias por el fuego, entre otros títulos) ni la brillantez de los ensayos de Mario Benedetti, el escritor uruguayo, o mejor dicho, nuestro americano, a quien celebramos este 14 de septiembre.
José Martí siempre fue un ancla familiar, el Martí inacabado e irrealizado de los oscuros años de la primera república, más en los años en que el joven Armando Hart Dávalos se formaba, tras la frustración revolucionaria antimachadista y en medio de la demagogia rampante de los años 40. El Martí que su padre, el respetado e incorruptible jurista Enrique Hart, que arrastró a los hijos de ciudad en ciudad junto con los diversos nombramientos que recibió a lo largo de la Isla. El Martí que clamaba por escapar del mármol para volver a la pelea.
«Con certeza puedo afirmar que mi vida está dividida en dos etapas fundamentales: antes y después de conocer a Fidel Castro». Fue el 26 de noviembre del 2016 cuando Armando Hart encabezó con esas palabras, en medio del dolor, su evocación personal del líder de la Revolución Cubana.