Este año desde hace muchos días se siente en el ambiente esta atmósfera de entusiasmo y de optimismo alrededor de la conmemoración del XI aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución.  Podría decirse que este gigantesco movimiento de masas creado por la Revolución ha alcanzado en el presente su grado más alto de ebullición.  
Precisamente en medio de la campaña de alfabetización se produjo la invasión de Girón.  Y una de las cosas que nos dolía a todos nosotros era que si íbamos a interrumpir aquella campaña, dijimos:  ¡No!  Sería una derrota.  Sería una victoria del enemigo si entre otras cosas nos obliga a suspender la campaña de alfabetización. 
Y por eso si nosotros, que somos revolucionarios y que hemos vivido esas experiencias, tenemos algo que decirles, es sencillamente que cuando el pueblo conquista el poder, cuando el pueblo tiene el control de su destino, cuando el pueblo tiene el porvenir de su país en sus manos, no quiere decir que ha conquistado el cielo, no quiere decir que ha conquistado un mundo, sino que ha conquistado la oportunidad de empezar a crear el bienestar, la oportunidad de empezar a trabajar para el porvenir.
A nosotros nos parece que ha habido en los últimos tiempos, en los últimos años, un estado de ánimo pesimista con respecto a las perspectivas del nitrato. Y está por ver cuáles son todas sus posibilidades. Y a nosotros nos parece que en el mercado exterior ya es más sencillo: se lleva al puerto por ferrocarril, se embarca a granel y se traslada a los países que necesiten ese nitrato. Es posible que incluso en el mismo Chile, porque tienen necesidad del nitrógeno en otra forma, y necesitan en su agricultura —para satisfacer las crecientes necesidades de la población—, necesitan nitrógeno en...
Hay que tener en cuenta lo siguiente: para nosotros en primer lugar la llegada a este punto, por muchas razones, es una cosa extraordinariamente interesante. Decíamos que es como si nos llevaran a un lugar de leyenda. Para nuestro país, y para todo el mundo, la tierra del salitre chileno es una tierra de leyenda. Como decía aquí el representante de los trabajadores, fue la cuna del movimiento obrero, la cuna de las luchas sociales, populares; fue, además, fuente de enormes recursos, que infortunadamente no quedaron en el país. Porque ustedes han tenido el privilegio de contar con los únicos...
Cada cosa tiene su momento.  Cada proceso tiene su historia, o cada proceso tiene su época, su etapa fundamental.  Y nosotros lo hemos tenido.  Tuvimos distintos procesos:  de luchas, de combates.  Hubo heroísmo en los combates en la lucha por la liberación.  Hubo heroísmo en los combates por la defensa de la patria.
Cuando nosotros quisimos hacer nuestra Revolución, nos encontramos grandes obstáculos, grandes dificultades.  ¿Por qué?  Porque los que nos explotaban, los que se llevaban el sudor de nuestros obreros, los que obtenían las ganancias de nuestra azúcar y de nuestro níquel, quisieron castigarnos.Quisieron castigar a un país que no pretendía otra cosa que mejorar las condiciones de vida de su pueblo. Quisieron castigar a un pueblo que no pretendía otra cosa que trabajar, construir su porvenir sin quitarle nada a nadie, sin robarle nada a nadie. 
Me siento apesadumbrado de no haber podido visitar durante más tiempo la industria.  Apenas hemos podido ver el alto horno número 2 y después la segunda sección de los hornos Martin; no hemos podido llegar a los talleres de laminado, no hemos podido llegar a los talleres de mantenimiento, y prácticamente se nos ha quedado casi todo sin ver.  Esas son las consecuencias de la ambición, cuando uno quiere hacer demasiadas cosas en poco tiempo.  Y eso me ha ocurrido a mí en la tarde de hoy.  Las pocas posibilidades que tiene uno de llegar a ver una industria como esa y, sin...
¿Cómo debemos nosotros interpretar este gesto del pueblo chileno, este gesto del pueblo de Concepción?  En primer lugar, nada más ajeno al espíritu nuestro que creernos acreedores en el orden personal, ninguno de nosotros, a tales manifestaciones de amistad y de afecto.  Nosotros entendemos perfectamente bien que esos sentimientos del pueblo chileno van, en primer lugar, hacia nuestra patria, hacia nuestro pequeño país que, a 90 millas de otro poderoso país que ustedes conocen, ha tenido que librar durante estos casi 13 años una larga y dura lucha.  Nosotros comprendemos que es...
Al fin estamos aquí, en esta famosa Universidad de Concepción.  Había muchas personas interesadas en este encuentro, al extremo de que, según oí decir, algunos periodistas decían: “Nos vemos en Concepción, nos vemos en Concepción y nos vemos en Concepción.” Estaban muy interesados en el encuentro. Yo no sé por qué será. Pero me imagino que piensen que de aquí pudieran surgir problemas, cosas espectaculares.
Hemos tenido oportunidad de presenciar este espectáculo en la tarde hoy; este bosque de banderas, y en el fondo el mar, las islas, las montañas. Pocas veces en nuestra vida, y tal vez nunca hayamos visto un paisaje humano y natural como el que estamos viendo en la tarde de hoy: el pueblo, sus banderas, sus mares, sus montañas; la tarde, el lugar.  
Claro está que las circunstancias son diferentes. Los caminos son diferentes. Las aspiraciones son las mismas. El propósito es el mismo: luchar por la independencia del país, por consolidarla; luchar por la economía del país; luchar por la justicia; luchar por el bienestar del pueblo; luchar por poner fin a la explotación de la patria por los monopolios extranjeros; y luchar por poner fin a los privilegios y a las injusticias sociales; luchar por el futuro del país; luchar por los niños, por las mujeres, por los ancianos; luchar por las escuelas, por la educación; luchar por la salud pública...