Ahora, esto tiene un valor muy importante, porque cuando decidimos en el congreso del Partido la elección directa de los diputados, el peligro más grave que podía surgir en este sistema era la división, la lucha y la competencia entre los candidatos. Se quería evitar a toda costa la politiquería, se quería hacer un proceso justo, realmente justo, en que los méritos de las personas, las biografías de las personas, las cualidades de las personas constituyeran el factor fundamental.
Martí, discípulo del poeta y educador Rafael María de Mendive, es la piedra angular de nuestro concepto de la educación universal. Su vasto saber, su consecuencia en los propósitos, su acrisolada sencillez, su elocuencia impar y su consagración sin reposo, lo hacen merecedor de tan alta estima.
Podemos llamarnos potencia revolucionaria porque hemos sabido resistir y hemos sido capaces de resistir cuando otros se han rendido, cuando otros se han plegado, cuando hemos encontrado valor suficiente para enfrentarnos solos al imperialismo y decirle: ¡Aquí estamos dispuestos a luchar, dispuestos a seguir resistiendo el tiempo que sea necesario, al precio que sea necesario! Nos hemos convertido en ejemplo para el mundo.Esa es la importancia, ese es el valor, esa es la fuerza que tienen las ideas.
En el transcurso de esta semana, casi desde el principio de la semana, y a partir de las cosas que estábamos viendo en el desarrollo de esta contienda, de esta batalla, de esta campaña, llegamos a la conclusión de la conveniencia de tener una segunda reunión de trabajo, para analizar las experiencias que se iban recogiendo y para que todos tuviéramos oportunidad de escuchar criterios, opiniones, impresiones de muchos de los compañeros que estaban participando en esta lucha. No es lo mismo cuando uno lo oye por un lado y otro por el otro, que si nos reunimos todos para, de conjunto, meditar...
A la Revolución le ocurre que cuando ya había hecho muchas cosas, cuando había alcanzado extraordinarios logros, ahora tiene que luchar por salvar lo que hizo, ahora tiene que luchar por sobrevivir como Revolución a partir de los desastres que tuvieron lugar en otras partes, a partir de los colosales errores que tuvieron lugar en otras partes, a partir de las traiciones que se cometieron en otras partes contra el pueblo y contra la humanidad.
La cuestión no estriba en que cada país de nuestra área trate de salvarse por sí mismo, porque es un sueño imposible en un mundo dominado hoy por gigantes industriales y políticos. Tenemos necesidad de crear entre todos un gigante, para poder realmente desarrollarnos y disfrutar de paz, independencia y seguridad.
El neoliberalismo empieza ya a desgastarse. El neoliberalismo no ha resuelto en Europa. En Europa hay cada vez más desempleados; en Europa hay cada vez más desigualdad; en Europa surge la xenofobia; en Europa surgen las agresiones contra los inmigrantes, surgen los odios y surgen problemas de todo tipo y no tienen solución. Por eso los millones de desempleados crecen, y cuando quieren encontrar solución la buscan a costa del Tercer Mundo.
Debo confesar que me siento realmente asombrado y estimulado al haber tenido esta oportunidad de escucharlos, y llama extraordinariamente la atención la gran comunidad de ideas, de criterios, de conceptos y de preocupaciones que hay entre todos nosotros; me llama la atención extraordinariamente el criterio prácticamente unánime acerca de lo que significa el neoliberalismo en América Latina y el Caribe.
Queríamos un acto sencillo y sosegado, solemne pero austero, para conversar con ustedes. Nos habría gustado invitar a todos los participantes del Foro de Sao Paulo, nos habría gustado invitar al cuerpo diplomático, nos habría gustado invitar a muchos periodistas; pero todo eso significaba gastos de transporte aéreo, combustible, de todo, y queríamos, primero que todo, austeridad. Nos habría gustado que estuviera todo el pueblo de Santiago de Cuba, como otras veces, pero sabemos que tenemos dificultades con el transporte y no queríamos una movilización grande; además, en esas...
Cuando vemos gente como ustedes, que desafían la mentira, que desafían todos los obstáculos, que desafían todas las dificultades, nuestra admiración se multiplica y nos recuerdan a aquellos que fueron sus antecesores, y nadie podrá decir que son pocos: en la primera caravana vinieron más de 100, en la segunda caravana 300, y si sigue creciendo así, como una bola de nieve, a lo mejor un día vienen 3 000, ó 30 000, ó 300 000 norteamericanos a nuestro país (APLAUSOS).
En nuestros corazones no hay odio hacia el norteamericano, como no hay temor hacia los poderosos, como no hay temor a los que han querido destruirnos, y sabremos ser amigos con la misma dignidad con que hemos defendido nuestra causa, nuestra justicia, nuestra Revolución. Sabremos ser firmes como lo fueron los de Laredo y tendremos también derecho, como ellos, al final, a alcanzar la victoria.
Tiempos difíciles son estos, tiempos verdaderamente difíciles, por eso la combatividad de los CDR no debe ser comparada con la de los años sesenta, después que se fundó la organización. Aquellos eran tiempos con dificultades, aquellos eran tiempos con enfrentamientos fuertes entre la Revolución y la contrarrevolución, eran tiempos de planes de sabotajes, de atentados; eran tiempos en que existían alrededor de 300 organizaciones contrarrevolucionarias.