“Ninguna política imperialista, ninguna cobardía, ninguna traición, podrán detener la marcha inexorable de la historia y el triunfo de las ideas revolucionarias.”
“Si de algo podemos estar seguros, es de que jamás el águila rapaz que simboliza al imperio volverá a colocarse sobre esas columnas, que quedaron convertidas en monumento de lo que fue el imperio en nuestro país y de lo que ocurrirá, más tarde o más temprano, a su afán de esclavizar al mundo.”
“En esas regiones del mundo donde quiere el imperialismo imponer guerras locales o de baja intensidad, como suele calificarlas con cinismo a partir de sus concepciones cobardes y oportunistas, los pueblos nos encargaremos de no permitírselo jamás”.
“No hay un solo continente hacia donde se mire, no hay un solo país del mundo, no hay un solo pueblo, no hay un solo problema contemporáneo en que no se vea, en que no se sienta, en que no se palpe la actividad del imperialismo; no hay una sola causa infame en el mundo que el imperialismo no apoye, como no hay una sola causa justa en este mundo contemporáneo que el imperialismo no combata”.
“El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos”.
“El monstruoso mundo de las injusticias que el imperialismo ha impuesto al planeta, marca el final inexorable de un sistema y de una era a la que no puede quedar mucho tiempo. Éste también se agota”.
“Bajo un sistema de producción anárquico y caótico, hoy derivado en dominio imperial, hegemónico y unipolar, se han despilfarrado enormes recursos, dañado considerablemente la naturaleza, y creado modelos de consumo absurdos e insostenibles, verdaderos sueños que son inalcanzables para la inmensa mayoría de los que habitan hoy y los que deberán habitar mañana nuestro planeta”.
“La apelación vulgar del capitalismo imperial al egoísmo individual, predicado hace casi 240 años por Adam Smith como la causa de las riquezas de las naciones; es decir, ponerlo todo en manos del mercado. Eso crearía riquezas sin límites en un mundo idílico”.
“Los imperialistas saben que sin revolución no hay desarrollo, y se sienten impotentes frente a la realidad de que el mundo crece, de que el mundo se desarrolla, aumenta la población y aumenta inevitablemente —como un fenómeno natural e inevitable— la conciencia revolucionaria”.
“Hemos tenido el valor de enfrentarnos al imperialismo, con su bloqueo endurecido y en su momento de mayor poder en el mundo, en su momento de mayor influencia en el mundo; cuando el campo socialista desapareció y la URSS se desintegró, en medio del período especial; cuando todas esas calamidades vinieron de golpe, de la noche a la mañana”.