Fidel en la casa del Padre de la Patria
Fonte
Granma
Data

El 19 de diciembre de 1986, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz visitó el Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. A casi cuatro décadas de aquel encuentro –y en el año del centenario de su natalicio–, el testimonio de la museóloga Ana Regla Mola Rodríguez revive una jornada marcada por la historia y la sensibilidad

Fidel

En el museo casa natal Carlos Manuel de Céspedes durante aquella memorable jornada de 1986 Foto: Rafael Martínez
Bayamo.–Pasadas las dos de la tarde, un jeep militar se detuvo frente al Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes. La ciudad, cuna de la Nacionalidad Cubana, respiraba pulcritud, belleza y solemnidad.

Había aviso previo y discreto entre directivos de Cultura, pero ninguna previsión podía contener la dimensión simbólica del momento: el reencuentro entre el Comandante en Jefe y la casa del prócer donde germinó la nación.

«Me indicaron recibirlo en la entrada de la institución, cuando me di cuenta estaba a mi lado, y tenía una mano suya encima de uno de mis hombros.

«Me alertaron que debía caminar rápido y no dejar de hablarle en los 15 minutos que debía durar el recorrido porque si no me comería a preguntas; y así lo hacía.

«Tras darle la bienvenida, él se adelantó y le dije: Comandante, el recorrido empieza por aquí, y me contestó: "Es verdad, tú eres la que manda". Desde entonces dicen que yo mando aquí», narra la destacada museóloga Ana Regla Mola Rodríguez.

LAS RELIQUIAS

El recorrido, pactado en apenas 15 minutos, se convirtió en una intensa lección de historia compartida. Fidel preguntaba, indagaba, hilvanaba datos con una avidez que sorprendía incluso a quienes lo conocían.

Frente a la bandera de Céspedes –cosida por la joven bayamesa Candelaria Acosta, Cambula– quiso saber su edad, su origen, su historia. Diecisiete años tenía cuando bordó la enseña.

Luego, ante la espada dorada, símbolo de honor devuelto para convertirse en recursos para la guerra, escuchó la frase del Padre de la Patria: «Dejo a mis hijos una herencia pobre en dinero, pero rica en virtudes cívicas».

Fidel sintetizó la historia en una idea esencial: «Fue el primero en iniciar de verdad una revolución… somos una sola revolución desde 1868».

Ni siquiera los objetos cotidianos escaparon a su interés. En la cocina, una tinaja despertó recuerdos de Birán. Habló del agua fresca, de las costumbres, pero enseguida fue más allá:

–«¿Cuándo se funda la primera planta de hielo?»

La pregunta quedó suspendida como muestra de una mente siempre en búsqueda. En el patio, observó los canales de recogida de agua; en los pasillos, cada detalle constructivo; en todo, la lógica de una época.

Y en medio del recorrido, humano y cercano, interrumpió con naturalidad:

—«¿Hay baño para los trabajadores? Es que ando loco de tanto recorrido».

Bajan, encuentran el cuarto de baño y regresa contento, para lanzar de nuevo la pregunta que ya se volvía un estribillo: Ahora, ¿adónde me vas a llevar?

EL PUEBLO Y EL BALCÓN

Anita recuerda que afuera, un mar de personas se agolpaba frente al museo y ella le comentó: «Yo espero que usted le diga algo al pueblo de Bayamo».

Fidel asoma la mirada y divisa la multitud congregada y decidió que no bastaba un saludo breve.

Desde el balcón de la segunda planta –donde se suman Roberto Damián Alfonso y Pedro García Lupiañe, los principales dirigentes  del Partido y del Gobierno en la provincia, y Leonardo Guevara, primer secretario del Partido en Bayamo–, el Líder saludó a los bayameses con el brazo en alto, mientras el aplauso subía desde la calle como una ola de gratitud y pertenencia.

Fidel habló durante una hora y quince minutos. Abordó la industrialización de Granma, los planes productivos, la cultura económica. El aplauso fue prolongado y efusivo.

De vuelta en el interior, el arte tomó la palabra.

«Lo conduje a la sala principal donde esperaban unos diez jóvenes de la escuela de música Rafael Cabrera, dirigidos por la profesora Sucel Díaz. Fidel les pregunta sobre su formación y el dominio de los instrumentos.

«Los alumnos interpretan una pieza de Chaikovski. Fidel escuchó atento. Luego, pidió una obra vinculada a Bayamo. El violín de la profesora Susel Díaz elevó los acordes de La Bayamesa, la canción compuesta en 1851 por Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris y Francisco Castillo».

La melodía llenó la casa, atravesó los muros y se volvió himno íntimo.

«El Jefe de la Revolución escuchaba atentamente, sin perderse ningún detalle. Apretaba las manos con sus dedos largos y sonreía complacido.

«Cuando concluye la melodía, observo algo que me conmueve. El Comandante, quien era de tez rosada, se fue enrojeciendo por la emoción.

«Él aplaude y comenta: Es emocionante e impresionante escuchar en Bayamo y en esta casa, La Bayamesa.

«Luego, dirigiéndose a los fotógrafos, recomienda guardar aquellas imágenes para la historia, para las escuelas y los museos. Y emocionado por la belleza del instante, exclama:

–«¡Qué pueblo! ¡Qué cultura!»

Seguidamente Fidel dejó constancia escrita en el libro de visitantes.

«Lleno de infinitas emociones e inolvidables impresiones me marcho de esta histórica y gloriosa casa que dio cuna al Padre de la Patria».

La recepcionista, Raquel López Oduardo, le coloca en la solapa izquierda del uniforme verde olivo el sello con la bandera de Céspedes.

Antes de retirarse, el Líder histórico abrazó a su guía. Le obsequió una rosa y le dejó también una misión: estudiar, preservar, transmitir la vida y obra de Céspedes.

«Es uno de los hombres más vigorosos y grandiosos de nuestra historia», afirmó.

Ganadora del Sello de Trabajadora Laureada de la Cultura y del Escudo de  Bayamo, Anita –como todos la llaman– sigue siendo la anfitriona de aquella casa que guarda las reliquias del Padre de la Patria.

Cada vez que camina por las calles de Bayamo, esa ciudad que la recibió con solo cuatro años, siente que el brazo largo del Comandante sigue apoyado en su hombro, guiándola, y a la vez, reconociéndola como la guía de aquel recinto sagrado de la historia.

Referencias utilizadas

Fidel en el Museo Casa Natal de Céspedes, en Revista La Campana.

Ana Mola, orgullosa guía de Fidel en Casa Natal de Céspedes, en La Demajagua.